lunes 23 de enero de 2012

El modelo productivo de la ruleta

 (Foto: Comunidad de Madrid)

TAN NECESITADOS ESTAMOS de encontrar la fórmula mágica para crear empleo que casi cualquier opción podría ser buena. Y digo casi porque, tampoco en este caso, el fin puede justificar determinados medios cuan son, digamos,  pintorescos. Me refiero, naturalmente, al empeño del multimillonario estadounidense Sheldon Adelson de levantar en Madrid un gran complejo de apuestas. La idea del proyecto Las Vegas Sands es construir primero un casino y, dólar a dólar, pasar al negocio de los resorts, los teatros, el golf… En fin,  un macrocomplejo que, a medio plazo, pongamos que a partir de 10 años -largo me lo fiáis- podría convertir Madrid en una suerte de Las Vegas.

Claro, que para construir ese escenario, las autoridades municipales, autonómicas y estatales tendrían que someterse primer a las exigencias y caprichos de Mr. Adelson. Y no estamos hablando de bagatelas sino de modificaciones legales de gran alcance. Reformas de calado que, en otras circunstancias, habrían permitido darle con la puerta en las narices a este señor. Por muchos dólares que tenga en la chequera y muy grandes sean las necesidades de generar empleo que hay en España.
Esperanza Aguirre y Ana Botella se han empeñado en echarle una mano a Mr. Marshall, quiero decir, Adelson, para que pueda construir aquí su isla de casinos, restaurantes y locales de entretenimiento. Para ello, dicen que hay en juego 200.000 puestos de trabajo, tendrán que hacerle una legislación a medida porque, como hay crisis, no vaya a ser que en otro país, o en otra Comunidad, no le hagan ascos a este maná llovido del cielo norteamericano.

El problema es que para contentar a los chicos de Las Vegas Sands habría que ponerles en bandeja unos convenios colectivos menos rígidos,  acelerar la concesión de permisos de trabajo para extranjeros, introducir exenciones en los pagos a la Seguridad Social y, por si fuera poco, que el mismísimo Estado español se convierta en avalista  de sus préstamos. Eso para empezar. Luego habría que trasladar la incineradora de Valdemingómez, si finalmente el emplazamiento fuera en la capital, y así sucesivamente hasta convertir el complejo en una zona franca donde ya sabemos quién sería el sheriff.

Entiendo que con la que tenemos encima, Ana Botella y Esperanza Aguirre, tanto monta tanto, se hayan deslumbrado con el brillo de los neones. Apenas tienen inauguraciones que llevarse a la boca y, si pueden colgarse una medalla, pues mejor que mejor. Y es lógico porque también le pasó a otros políticos con el proyecto de Los Monegros, en Aragón, o El Reino de Don Quijote, en Ciudad Real. Mucho cuidado porque el sueño americano puede acabar siendo una pesadilla en Madrid.

viernes 13 de enero de 2012

Cercanías, un gran invento


LA MEJOR NOTICIA sobre el servicio de Cercanías de Renfe es que rara vez es noticia. Un aburrimiento como periodista, pero una delicia, en cambio, como usuario. Bien sabido es que cuando algo funciona no suele aparecer en los medios. No hace falta. Y no la hace porque en tiempos de turbulencia, como estos que nos ha tocado vivir, tranquiliza saber que la maquinaria de las Cercanías carbura. Que todo está en su sitio, que es de fiar. ¿Mejorable? Sin duda, como todo en la vida. Al fin y al cabo, quién no desearía disponer de una mayor frecuencia, puntualidad e información.
Mejoras al margen, la existencia de un transporte ferroviario sostenible es una garantía de éxito en el eterno debate sobre la movilidad urbana. La apertura de la estación de Sol y el nuevo acceso a la T-4 de Barajas se han convertido en dos de los grandes hitos en la historia reciente del transporte madrileño. Un total de 10 líneas, 101 estaciones, 370 kilómetros de vías férreas y más de 1.000 empleados dan buena idea sobre la enormidad y envergadura de un servicio notable.
La facilidad de conexión con otros medios de transporte, la ubicación y amplitud de las estaciones, la rapidez de los trenes, su comodidad y limpieza, en general, se han convertido sin duda en la mejor tarjeta de presentación de algo que funciona razonablemente bien. Así lo atestiguan diariamente los casi 900.000 viajeros que optan por este medio de transporte.
Si algún día, cuando la crisis lo permita, el nuevo Plan de Cercanías de Madrid, tantas veces aparcado, pudiera ver la luz, la jugada sería perfecta. Aun así, las Cercanías se han convertido ya en la identidad subterránea del área metropolitana de Madrid. Cercanías, ¡qué gran invento!

(P.D.: entrada publicada en el periódico digital Madridiario.es)

martes 3 de enero de 2012

Aguirre, fuera de juego

(Foto: Comunidad de Madrid)

LEO QUE EL Gobierno no descarta la subida del IVA en marzo. Cuatro días después del gran hachazo fiscal a las llamadas clases medias, con el anunciado incremento del IRPF y del IBI, “el principio del principio”, el ministro de Economía prepara el terreno avisando de más recortes. Una “agenda reformista muy agresiva”, en palabras de Luis de Guindos, que en nada se parece a los compromisos electorales con los que el PP se presentó ante los electores el 20-N. De la prometida supresión de la última subida del IVA, aprobada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, hemos  pasado a un escenario bien distinto al contrato firmado por el PP ante los españoles.
Éstas y otras medidas, más allá de las repercusiones políticas y económicas que puedan tener, dejan en muy mal lugar a la presidenta madrileña, otrora adalid de cualquier incremento fiscal. Tanto se significó Aguirre en la batalla contra la subida del IVA, tan lejos llevó su desafío contra Zapatero, que ahora su propio partido la está dejando a los pies de los caballos. Si entonces abanderó una “campaña de rebelión”, con mesas de firmas en la calle, sin aportar ideas alternativas para conseguir los ingresos necesarios con el fin de financiar la inversión, cabe imaginar que hará lo propio ahora por pura coherencia. Y no sólo eso, sino que será secundada por la patronal madrileña CEIM, tan acostumbrada a jalear cualquier idea que venga de la Puerta del Sol o de Génova 13.

“Subir los impuestos es síntoma de que el Gobierno está haciendo las cosas mal”, afirmó rotunda Aguirre en marzo de 2010 y la explicación que dio es que esa medida “deprimirá aún más el consumo”. Cuantos más impuestos, más gasto público, más burocracia y más intervencionismo, se quejaba Aguirre, convencida de que con aquella estrategia “más se prolonga la crisis y más costosas son las recuperaciones”. En ocasiones, las palabras las carga el diablo y no hay nada como recibir un correctivo, desde tus propias filas y por la vía de los hechos consumados, para aplicarse el cuento. Es evidente que Aguirre, como buena liberal que es, no puede comulgar con la política fiscal de Mariano Rajoy.

La presidenta madrileña encontró en Zapatero un filón político. Un auténtico chollo, para jugar en la primera división de la política nacional, que ya no se volverá a repetir. El expresidente del Gobierno ya es historia y, salvo que Aguirre pretenda estirar el chicle de la “envenenada herencia” que deja el PSOE, difícil lo tendrá para mantener la congruencia. El inquilino de la Moncloa ha cambiado, si bien se mantienen todas las demandas históricas (deuda pendiente, reconocimiento de la población…) que venía planteando la Comunidad de Madrid. Para ser creíble, Esperanza Aguirre tendrá que seguir diciendo lo mismo que antes. Habrá que ver con qué frecuencia y con qué energía llama ahora al Palacio de la Moncloa para defender los intereses de los madrileños. Como es improbable que, parafraseando su viejo mantra, nos sorprenda diciendo que “Rajoy asfixia Madrid”, cabe imaginar que no le temblará el pulso cuando, llegado el caso, tenga que cantarle las cuarenta al presidente de su partido. Es lo que toca.

miércoles 28 de diciembre de 2011

Botella, alcaldesa

(Foto: EFE)


COMENZARÉ POR DECIR que Ana Botella me parece una persona respetable. Tanto como cualquier otra. En otras palabras, que, aunque no estoy de acuerdo sobre su forma de acceder al primer escalafón de la alcaldía ni con su perfil ideológico, no albergo ningún prejuicio hacia ella.
Llegó a la política como la mujer de y, hasta que no consiga quitarse ese sambenito de ex primera dama no podrá volar por su cuenta y sin las ataduras de sus padrinos políticos. Diré, en su favor, que los votantes que en las últimas elecciones municipales escogieron la papeleta del PP sabían perfectamente, campanas al menos habrían oído, que Alberto Ruiz-Gallardón acabaría dando el salto a la política nacional. Así ha sido y a nadie puede extrañar. Era, como quien dice, un secreto a voces, y nadie puede llamarse a engaño. Bien.

Lo que trato de explicar es  que el pecado original está en esa decisión de Gallardón y no en Botella, por más que ambos hechos estén íntimamente relacionados. Resulta mucho más fácil criticar a la nueva alcaldesa, la parte más débil, y obviar que su encumbramiento en el Palacio de Cibeles no habría tenido lugar si Alberto Ruiz-Gallardón, la parte más fuerte, no hubiera roto el contrato por cuatro años que firmó el 22-M.

La jugada del flamante ministro de Justicia es legítima; sin duda lo es, pero no es menos cierto que Gallardón debería haber ofrecido alguna explicación, antes o después de sentarse en el sillón del Consejo de Ministros. Despedirse a la francesa, como si aquí no hubiera pasado nada, es poco elegante, además de impropio de un político de su talla. Tampoco era cuestión de flagelarse junto a la Cibeles sino, lisa y llanamente, de brindar una aclaración al pueblo madrileño al que “abandona” tan solo siete meses después del encargo recibido en las urnas.

Dicho lo cual, volvamos a Botella. Su primer reto será reinventarse. Adquirir una identidad propia, consciente, como es, de que en la comparación con su antecesor sale perdiendo. Claro que en ningún sitio está escrito que no pueda aprender y rápido sin necesidad de acudir a un cursillo acelerado de alcaldesa tipo CCC. Esperanza Aguirre entró en la Puerta del Sol con imagen de “tontita” y, sin embargo, nadie podrá decir que sus apariciones públicas de hoy se parecen lo más mínimo a las de entonces. Cada uno tiene sus propios dones y carencias, pero si Botella se mira en el espejo de su amiga Aguirre podrá comprobar que la política también es marketing y que, como todo en la vida, se puede aprender y mejorar.
El personaje Botella, más allá de determinados simplismos, como el de las famosas “peras y manzanas” o el no menos celebrado de las “gaviotas reidoras” está por redefinir. Muy fuerte se tiene que ver el PP de Rajoy, y motivos no le faltan, para arriesgarse a optar por ella como alcaldesa. La jugada tiene sus riesgos. Es cierto también que nunca antes el PSOE municipal lo había tenido mejor para desalojar al PP del Ayuntamiento. En la bolsa de valores municipal se cotizan al alza las acciones del socialista Jaime Lissavetzky, si bien, cometería un error de bulto si pensara que en 2015 lo va a tener infinitamente mejor. Más fácil, por supuesto que sí, pero sin olvidar que la maquinaria electoral del PP es implacable y que los votantes de la derecha nunca titubean a la hora de elegir. Álvarez del Manzano, por citar un ejemplo, fue un alcalde sin buena prensa y, sin embargo, ganó por mayoría absoluta hasta que el "dedazo" de Aznar eligió, contra todo pronóstico, a Gallardón.

Botella es como es. No es, por supuesto, la heroína política que tan empalagosamente dibujan sus medios más próximos, con esa pátina de aparente estadista que le han puesto, pero tampoco un irremediable desastre. De momento, y atendiendo a la cortesía política, le daremos los cien días de rigor antes de crucificarla. Por sus hechos la conoceréis.


lunes 28 de noviembre de 2011

Pelea de gallos


LA COSA PÚBLICA madrileña no está sobrada de los comúnmente llamados “animales políticos”. En el caso del PP regional, Ignacio González y Francisco Granados serían dos buenos ejemplos de tan raros especímenes. A la sombra, es cierto, de mamá Aguirre, que es la que los crió, cobija, protege y ampara. Y es, también, la que castiga y premia a sus polluelos.

Poderosos, hábiles, ambiciosos, implacables, intuitivos, temidos, admirados, denostados… e incompatibles. Dos gallos, que difícilmente pueden coexistir en el mismo gallinero, sin que alguno pueda salir desplumando. Ignacio González y Francisco Granados han empleado muchas de sus energías en disputarse el favor de la jefa del clan, conscientes de que sólo uno de ellos podía ser ungido con el óleo santo de la sucesión.

Hasta el implacable desenlace final, en el que Esperanza Aguirre decapita a Granados y sirve su cabeza en bandeja de plata a modo de escarnio público, el duelo había sido de una crudeza tal que sólo dos buenos espartanos podrían resistir. Siete años, siete, de guerra de guerrillas, empellones, navajeos e intrigas, de zancadillas en la oscuridad, de misteriosos dosieres y de espías. Y mientras, Aguirre parecía divertirse con el cuerpo a cuerpo, o al menos miraba para otro lado. Era inevitable, pues, que la cosa terminara como el rosario de la aurora.

Apenas había tenido tiempo el comedido Rajoy de acabarse la botella de cava que abrió el 20-N por lo noche y de salir de su plácido retiro genovés, cuando la intrépida Aguirre, que nunca descansa, le montó un animado castillo de fuegos artificiales para atraer la atención del respetable. Todo el PP de fiesta, menos Aguirre que celebraba el triunfo a su manera: descabezando al "descarriado" Granados.

El resultado es bien conocido: González gana la pelea y se queda como único heredero. Todo va para el ganador. El ganador se lo lleva todo, como en la canción de Abba. Un poder inmenso, incluso en el PP de Madrid que, de esta forma, se blinda ante posibles injerencias externas. En febrero será el Congreso que aclame a Mariano Rajoy como líder indiscutible de todo el PP, excepto en Madrid donde Aguirre se hace fuerte por si algún día vinieran mal dadas y alguien osara moverle la silla. Ella siempre va por delante. Nunca descansa. Nunca tiene suficiente.

Se atrinchera Aguirre, que está en su tercera legislatura y que tarde o temprano tendrá que ir pensando en hacer la maleta, colocando como cancerbero en la primera planta de Génova 13 a Ignacio González un viejo conocido del presidente del PP. Sus dos encontronazos más sonados fueron cuando Rajoy le apartó de la dirección por cuestionar su liderazgo y cuando impuso a Rato como presidente de Caja Madrid cercenando así los deseos de González de ocupar el sillón de Miguel Blesa.

Y luego dicen que la política es aburrida. Nunca lo es en Madrid. No desesperes si te has perdido algún capítulo. No pierdas la Esperanza porque habrá nuevas entregas e incluso reposiciones. Esto no acaba aquí. To be continued.

martes 22 de noviembre de 2011

Se acabó el "depende"

(Foto: Sergio Pérez/REUTERS)


AL FINAL OCURRIÓ lo inevitable. Estaba escrito y nadie pudo hacer nada por cambiar los designios del destino. Tan severa y catastrófica ha sido la derrota del PSOE como rotunda la victoria del PP pese a no haber conseguido muchos más votos que hace cuatro años. Aún así, los de Rajoy obtienen el mayor éxito electoral de su historia a costa del hundimiento total de los socialistas. La paradoja es el escaso entusiasmo que provoca esta nueva mayoría absoluta, incluso entre los votantes de la derecha. Está el patio para pocas alegrías. La angustia social también votaba en estos comicios, excepcionales sin duda, debido al negro e incierto panorama económico.

La crisis se ha llevado por delante al PSOE, obligado ahora a refundarse como partido si quiere sobrevivir. La culpa, evidentemente, no es sólo del candidato Rubalcaba, sino de la envenenada herencia que, muy a su pesar, ha recibido del presidente del Gobierno. “Teníamos todo el viento en contra”, admite a modo de disculpa Zapatero. Un gobierno, conviene recordarlo, que es el sexto de Europa desalojado del poder ante la virulencia de la crisis. En Reino Unido, Irlanda, Portugal, Grecia e Italia ya probaron también la misma medicina. Rubalcaba era un buen candidato y ningún otro habría evitado la debacle socialista.

La parte buena de este tsunami, por decir algo, es que el PP ya no podrá seguir amparado en el "depende" o en el "ya veremos" con el que ha arrasado en estas elecciones. En cuestión de semanas sabremos también si, como han dicho en campaña, serán capaces de plantarle cara a Bruselas, al BCE, al FMI, o la mismísima Angela Merkel, negándose a acatar sus órdenes. Dicen que ahora Rajoy hará un gobierno "estilo nórdico": sencillo, eficaz y sin adornos. No sé. De momento se cura en salud diciendo aquello de que  “no habrá milagros, no los hemos prometido”.

Enhorabuena al PP. Ojalá que acierte y que el precio que, inevitablemente habremos de pagar, pueda ser asumido por los españoles sin mayores traumas. No será fácil. “Nadie tiene que sentir inquietud”, trató de tranquilizarnos el futuro presidente del Gobierno. Mis dudas tengo. Quizá sí, o quizá no, “depende”, que diría Rajoy.



miércoles 16 de noviembre de 2011

Puro Rajoy

(Foto: Gorka Lejarcegi. EL PAÍS)

DE TODO LO que he escuchado en esta anodina campaña electoral, a Dios gracias que toca a su fin, pocas cosas me han causado tanta desazón y perplejidad. Me refiero, claro, a la posibilidad de que Mariano Rajoy pueda reformar la Ley Antitabaco para permitir que se pueda fumar en algunos bares. Lo ha sacado el candidato a su manera. Con insinuaciones, amagando con que es partidario de “arbitrar una fórmula” sin “soluciones extremas”.

Lo sorprendente, si se llegara a perpetrar esta modificación, es que el propio Partido Popular votó a favor de la Ley hace ahora un año. Y no sólo eso, es que el programa electoral del PP, etéreo donde los haya, no dice nada al respecto. Si gana las elecciones,  podrá hacer lo que le venga en gana, pero tampoco estaría mal que hubiera tenido la valentía política de mostrar sus cartas para que los votantes sepan a qué atenerse.

De todo el legado de Zapatero, que algo bueno tendrá, digo yo, me quedo precisamente con sus medidas de carácter social. De las económicas mejor no hablamos. Y más en concreto, si tuviera que destacar alguna, optaría sin duda por la valiente decisión de impulsar una Ley que, ¡oh sorpresas!,  se ha aplicado sin mayores problemas. Contra todo pronóstico. A pesar de los agoreros, de los negros augurios de las asociaciones de hostelería y de las presiones mediáticas y de las empresas tabaqueras.

Era un debate agotado.  Zanjado para siempre, creía yo, hasta que Rajoy con su legendaria ambigüedad ha vuelto a dar pábulo a todo tipo de cábalas. Creo que todos estamos mejor sin el humo de los fumadores… y ellos también. Y creo, firmemente, que dar un paso atrás en ese sentido nos devolvería a un escenario sencillamente nocivo. Un millar de muertes evitadas gracias a esta Ley es un motivo más que suficiente para dejar las cosas como están.