martes, 21 de febrero de 2012

No habrá paz...


1) Casualidades sospechosas. Anticipándose al previsible éxito de las manifestaciones del 19-F contra el decretazo de Rajoy, varios medios pusieron en marcha el ventilador de las inmundicias. El Mundo y La Razón, con gran trompetería el primero, trataron de crucificar al secretario al secretario general de UGT Madrid con la publicación de una verdad a medias. Decir que José Ricardo Martínez se embolsa un sueldo anual de 180.000 euros en calidad de consejero de Caja Madrid es incierto. Y sostengo que es una verdad a medias porque en esa información, que casualmente coincidían en destacar esos dos periódicos, faltan algunos elementos esenciales, más allá incluso de que todo lo que perciba vaya íntegramente al sindicato. Deberíamos convenir, entonces, que José Ricardo Martínez percibe esa cantidad no a título personal sino en representación del sindicato y que, por tanto, no hace cosa distinta que los otros 21 consejeros de Bankia. Si nos parece mal en su caso, que a mí me parece mal, en justa reciprocidad habría que extender ese reproche a todos los representantes políticos, sindicales, y también empresariales, que acuden a los consejos de Caja Madrid.

2) Retribuciones escandalosas. Es obvio que nadie, en su sano juicio puede estar de acuerdo con que una entidad como Bankia, que ha recibido 4.600 millones de euros de dinero público,  pueda permitirse el lujo de repartir esos fondos con tanta alegría. Indecente, por supuesto que sí, pero si es la ley la que les permite estar ahí, habrá que modificar esa norma y medir a todos por el mismo rasero. El camino más cómodo y rápido es cargar contra un líder sindical, dar munición a los que piensan que los sindicalistas son unos parásitos sociales y permitir que los suyos sigan chupando del bote. Si ampliamos el foco y examinamos la información ofrecida por la Cadena SER, podemos comprobar que, además del demonizado José Ricardo Martínez, hay otros representantes sindicales (CC.OO), políticos (PP, PSOE, IU) y de la patronal CEIM que están en la misma situación. En realidad, la doble moral de la que se habla estos días consiste en cargar contra el líder ugetista y guardar silencio cuando son los representantes del poder, o sus amigos, los beneficiarios. (Datos ampliados en Banco Financiero y de Ahorros)

3) Renovarse o... renovarse. Los sindicatos, como el resto de organizaciones sociales, no tienen más remedio que adaptarse a los nuevos tiempos. Cambiar para conectar mejor con los trabajadores, con los jóvenes y también, muy importante, con los desempleados. Marcar distancias con el poder político y económico para que no puedan ser acusados de complicidad. Velar porque la actividad de sus representantes sea intachable. Dicho lo cual, también convendría reconocer, ahora que de forma interesada arrecia el furor antisindical, el impresionante trabajo que han hecho y hacen en defensa de los trabajadores y las grandes conquistas sociales que han conseguido arrancar en la mesa de negociación o en la calle. Algunos excesos, que posiblemente se hayan cometido, no empañan en absoluto su trayectoria. Se acercan tiempos difíciles con una reforma laboral de Rajoy que, entre otras cosas, también debilita a los sindicatos. Por eso, vuelvo al principio para constatar que, tras ver las fotos y leer las  informaciones que publican algunos medios próximos al PP, está claro que no habrá paz para los malvados sindicalistas.

martes, 14 de febrero de 2012

Yo también amo a Peppy Miller


QUERIDA Peppy:

Con algo de pudor, quisiera confesarte que yo también he caído rendido a tus encantos. El flechazo surgió un domingo por la tarde en la Sala Roxy B, en la calle Fuencarral, donde me refugié del frío entre escéptico y renuente.

Mi resistencia duró hasta que apareciste en pantalla inundándolo todo. Pura seducción. Nunca podré olvidar esa mirada angelical, entre pícara y risueña. Ni tus pasos de baile, ni tu talento interpretativo, que me hicieron enmudecer.

Salí del cine con una sonrisa que aún perdura. Me dijeron que era una película muda, pero no es cierto. La turbación que sentí desde la butaca 14, en la fila 12, fue más elocuente que muchas palabras. A veces, las palabras no son tan necesarias.

98 minutos de cinta que me supieron a poco. Una película como las de antes. Risa, emoción, bondad, belleza… conceptos que no están de moda.

Saluda a tu afortunado esposo en la vida real (Michel Hazanavicius, el osado guionista y director de The Artist) y, por supuesto, al célebre George Valentin (Jean Dujardin) alérgico a un mundo con sonido. Afectuosamente, tu ya no tan secreto admirador, F.

P.D.: Suerte en los Premios de la Academia y feliz día de San Valentín. :-)



viernes, 10 de febrero de 2012

Exjuez Garzón


Yo no sé si Baltasar Garzón es culpable o inocente. No soy abogado, ni siquiera tengo formación jurídica, pero tengo opinión. Para empezar, la decisión de quitarle la toga no me deja indiferente ni me sorprende. Se veía venir.

Lo primero que pensé nada más conocer la noticia es que era una condena desproporcionada. Luego supe que se había convertido en el primer juez condenado por ordenar unas escuchas. El Supremo sostiene que restringió el derecho de defensa de los cabecillas de la Gürtel con prácticas que sólo se encuentran en regímenes totalitarios. ¿Cabe hablar de prevaricación cuando la decisión fue avalada por otro juez instructor (Pedreira), por la Fiscalía y por un magistrado en un voto particular? A ninguno de ellos se le ha formulado ningún reproche. Ellos no prevaricaron.

El derecho a la defensa es sagrado, faltaría más, pero la propia democracia debería blindarse para impedir que determinados entramados aprovechen ese resquicio para alimentar al monstruo de la corrupción. Durante el proceso, Garzón trató de obtener una copia íntegra de las intervenciones para comprobar si, como indica el fallo, afectaban al derecho de defensa, pero se le negó esa posibilidad. El juez siempre mantuvo que los datos obtenidos durante las escuchas a unos presuntos corruptos nunca fueron utilizados en la investigación. Durante el caso Marta del Castillo, sin relación tampoco con el terrorismo, llegó a utilizarse una medida similar.

El máximo tribunal de la Justicia española tampoco aprecia que lo que pretendía Garzón era impedir que los supuestos jefes de la trama siguieran cometiendo un delito de blanqueo de capitales a través de sus letrados. No es ningún secreto que determinados abogados de minutas millonarias se aprovechan de su condición para ayudar a delinquir. La sentencia es, además, un aviso para aquellos que osen meter sus narices en determinadas cloacas. El mensaje sería algo así como: “cuidadito con lo que hacéis porque podéis acabar como Garzón; los poderosos son intocables”. Hace años, el caso Naseiro también se fue al garete por un defecto de forma.

Tengo la impresión de que aquí se está ventilando otra cosa. Apartar a Garzón de la magistratura por la causa del franquismo habría supuesto un escándalo internacional y por eso se ha optado por esta condena previa. Algunos hablan de Garzón como una especie de “mesías judicial”. Entre ellos se encuentran los que con tanto regocijo han recibido el fallo.

Nunca contentó a todos y es lógico. Dicen que es un egocéntrico, además de ambicioso. Critican que haya querido convertirse en héroe de la justicia universal y en defensor de los derechos humanos, además de implacable perseguidor de corruptos y genocidas de todo pelaje sin importar dónde hubieran cometido el delito. No lo sé. Si sé, en cambio, que 22 años al frente de la Audiencia Nacional, por muy mala fama que tenga como instructor, le han permitido prestar grandes servicios a este país (crimen de Estado de los GAL, narcotráfico, delincuencia organizada, fuga de capitales, terrorismo islamista o de ETA, corrupción política…) Creo que también era el momento de recordarlo.

Tiene, y ha tenido, acérrimos detractores y defensores. Su vida política y judicial nunca pasó inadvertida. Entrar a degüello en una trama de corrupción tan pestilente como la Gürtel tenía un precio. Es lo que pienso, aunque yo, claro, no soy experto jurídico. No soy ni juez ni parte, sólo tengo opinión.