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Así, no, Pablo

Foto: Cadena SER
RESISTIR PRESIONES ES algo que va en la propia condición del periodista. Es consustancial al ejercicio de la profesión y va en el sueldo de quienes nos dedicamos a esto. No es algo nuevo, siempre ha sido así. Los lacayos del poder, político o económico, nunca cejan en su empeño de favorecer los intereses de quien les ordena y paga.

Un informador vale lo que valen sus fuentes, pero no es menos valiosa su capacidad para resistir los insistentes recados de quienes quieren, y en ocasiones consiguen, influir, supervisar o manipular. Por parte de políticos, pero también de empresarios y banqueros. En los mundos de Yupi esto no ocurre, pero sí en la vida real.

Quiero decir que para un periodista aguantar lo que comúnmente conocemos “presiones” es algo casi tan natural como respirar. Otra cosa, bien distinta, es tener que soportar intimidaciones dentro de una "campaña sistematizada de acoso personal y en las redes” hacia quienes no comulgan con su forma de actuar en política. Esto es lo que explica la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) en su duro comunicado es este lunes para denunciar que “el equipo directivo de Podemos, encabezado por Pablo Iglesias, así como por personas próximas a ese círculo, amedrenta y amenaza” a periodistas críticos.

No se trata de que los periodistas tengamos una piel más fina que los demás, ni de que seamos intocables. Ni es eso ni falta que hace. Se trata, lisa y llanamente, de que no reciban “llamadas intimidatorias” y de que no sean sometidos a "un bombardeo constante de mensajes que intentan descalificar o ridiculizar su trabajo o recortar su libertad de información".

Sostiene la APM que esta campaña "está creando un estado de miedo entre los periodistas, para persuadirles de que les conviene escribir al dictado de Podemos, además de tratar de conducirlos hacia la autocensura". Y es el miedo, precisamente, el que ha llevado a la decena de informadores que han pedido amparo a solicitar que se les mantenga en el anonimato. Hasta ese punto hemos llegado.

No le falta razón a Irene Montero cuando, en su descargo, defiende que lo que realmente preocupa a los periodistas, y de lo que “tienen miedo, es a ser despedidos por sus jefes o medios de comunicación”. Es, de hecho, la propia APM la que así lo indica en su último informe, como bien recuerda la portavoz parlamentaria de la formación morada.

La autocensura, la creciente precarización, las pésimas condiciones laborales, la explotación de los más jóvenes, el trabajo gratis y la utilización abusiva de los becarios son, sin duda, algunos de los males a los que se enfrenta esta profesión, pero no es esta la cuestión que nos ocupa hoy. 

Los dirigentes de Podemos podrán alegar, faltaría más, lo que consideren oportuno y es seguro que tienen razón en muchos de sus planteamientos. Y que tienen motivos sobrados para desconfiar de algunos medios. A muchos nos repugna el tratamiento informativo y el encarnizamiento que, en ocasiones, se ha dispensado a la formación que dirige Pablo Iglesias. Por desmedido, pero sobre todo por inveraz y falto de rigor en algunos momentos.

Están en su derecho de defenderse como crean conveniente, pero no disparando contra todos. Es más, cometerían un grave error si, a raíz del comunicado de la APM, su única conclusión fuera pensar que todo este episodio no es más que otro capítulo de la "máquina del fango", o que se enfrentan a una especie de "trama" para desprestigiarles.

En los medios de comunicación, en todos, hay mucha tela que cortar y motivos sobrados para pensar que las cosas no siempre se hacen bien. Pero en Podemos deberían entender que la libertad de información es sagrada y no solo porque la Constitución diga que es uno de nuestros derechos fundamentales. Y que el hostigamiento, el acoso, el señalamiento y la intimidación de periodistas es algo sencillamente intolerable. Venga de donde venga. Así, no, Pablo. De ninguna de las maneras.


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