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La (otra) boda de Antonio Banderas

por | 17 Oct 2025 | Cultura, Medios de comunicación, Sociedad | 0 Comentarios

EL ENLACE MATRIMONIAL, este sábado, de la única hija de Antonio Banderas y Melanie Griffith, Stella del Carmen, con su novio Alex Gruszynski, en un histórico monasterio del siglo XII reconvertido en hotel de lujo (Abadía Retuerta, Sardón de Duero, Valladolid), me ha hecho recordar algunos detalles de la primera boda del actor malagueño.

Banderas eligió el Ritz de Madrid para celebrar su primer banquete de bodas tras contraer matrimonio con Ana Leza, hace 38 años. El motivo de elegir este hotel es que él «quería celebrar aquello de verdad». «Y la mejor manera que encontré de hacerlo fue con aquella boda, de blanco, con flores, y en el Ritz, un hotel en el que siempre han prohibido alojarse a los actores», explicó en una entrevista.

Ocho años después de las nupcias, el actor y director de cine, además de cantante, productor, guionista y empresario teatral, volvió al mismo escenario acompañado ya de la que sería su segunda esposa durante dos décadas, Melanie Griffith.

Así lo conté en mi libro Hotel Ritz. Un siglo en la historia de Madrid:

El actor Antonio Banderas se casó el día 25 de julio de 1987 en la madrileña iglesia de San Nicolás con la también actriz Ana Arana Leza. Al término de la ceremonia los recién casados y sus invitados se trasladaron al Ritz para celebrar el acontecimiento. Allí les esperaba una descomunal tarta de cinco pisos de la que dieron buena cuenta, entre otros, Carmen Maura, que actuó de madrina, Pedro Almodóvar, Bibi Andersen, Julieta Serrano, Marisa Paredes, Juan Echanove, Elías Querejeta y Fernando Méndez Leite.

               Ironías de la vida, Banderas también eligió el Ritz cuando el 29 de noviembre de 1995 acudió a Madrid para estrenar Two Much. No vino sólo. En este caso le acompañaba Melanie Griffith, su nueva pareja, que en todo momento se mostró feliz y entusiasmada. No todo fue, sin embargo, sobre ruedas durante aquella estancia. De forma apresurada la pareja de moda tomó la decisión de no dejarse fotografiar. Los aguerridos reporteros gráficos no aceptaron el plante y se colaron en el tercer piso del hotel disparando con sus cámaras a diestro y siniestro, hasta que los guardaespaldas consiguieron hacerse fuertes detrás de una puerta de seguridad y pudieron expulsarlos. Enterados del incidente, y para evitar que la cosa fuera a más, Melanie y Antonio accedieron a bajar al hall donde posaron ante los pocos fotógrafos que tuvieron la paciencia de esperarlos. «Fue el hotel de los líos», «La pareja logró conmocionar el Ritz», fueron algunos de los titulares que al día siguiente se pudieron leer en los periódicos.

               La pareja reservó cinco suites de trabajo y una para su uso personal, y contó con un séquito que incluía seis guardaespaldas, la secretaria personal de la actriz, una jefa de prensa americana que ambos compartían, además de varios asistentes contratados para la ocasión, entre los que no faltaban maquilladores y peluqueros. Desaparecido el tumulto, Melanie y Antonio se introdujeron en una limousine blanca que les trasladó al cine de la Gran Vía donde se estrenaba la película. Salieron del Ritz de la mano en medio de una gran expectación, y sin tiempo apenas para que la mayoría de los clientes y curiosos que se agolpaban para verlos de cerca pudiera distinguir que la exmujer de Don Johnson llevaba el pelo con ondas y recogido en un moño bajo con un lazo negro. Él iba algo desaliñado, pero ella vestía un traje de pantalón ancho y unos mocasines marrones trenzados de diseño italiano. Llevaba también unos pendientes de brillantes en forma de lágrima haciendo juego con una sortija de color esmeralda. La pareja volvió tarde al hotel, y a la mañana siguiente Antonio pidió que le llevaran cuatro aspirinas para calmar su terrible dolor de cabeza.

NTR, No Tipo Ritz

Vuelvo al libro. El caso es que, durante años, el Ritz de Madrid «cargó con el sambenito de ser un lugar tan exquisito y exclusivo que tenía vetada la presencia de actores, toreros o personas relacionadas con el mundo de la farándula y el espectáculo».

Una afirmación muy rotunda que no es totalmente cierta. En realidad, la explicación oficial que siempre ha ofrecido el hotel es mucho más sencilla. La cautela a la hora de recibir a este tipo de personajes, en ocasiones tan populares, no era tanto por ellos como por el numeroso y variopinto séquito de personas que los acompañaban −periodistas, fotógrafos, guardaespaldas, fans…−, y que, en un momento dado, podían turbar la paz de un recinto tan tradicional y tranquilo. Los clientes del Ritz siempre han apreciado sentirse como en sus casas, palacios o mansiones sin ser molestados por ese “bullicio tan plebeyo” con el que se suele revestir la fama.

Cuando algún huésped de esas características llamaba a la puerta del Ritz, por muy ilustre que fuera, se le explicaba con mucha mano izquierda que todas las habitaciones estaban completas y, amablemente, se le invitaba a hospedarse en el hermano y vecino Palace, más flexible y no tan estricto a la hora de seleccionar a sus clientes. La prueba evidente de que la prohibición nunca se cumplió a rajatabla es que muchos actores y actrices eligieron el Ritz, en ocasiones de incógnito, durante su estancia en Madrid.

               Las restricciones y vetos llegaron, en ocasiones, a tal extremo que los empleados recomendaron al dueño, Georges Marquet, que les hiciera llegar una especie de “manual de instrucciones” para saber cómo actuar en cada caso. Fruto de esa presión nació un código secreto, de uso estrictamente interno, conocido con el acrónimo de NTR, es decir, No Tipo Ritz. En esa “lista negra”, impensable hoy, eran incluidos también aquellos caballeros que pretendían entrar sin corbata o aquellas señoras que “osaran” llevar pantalones; además de actores y toreros. Esta “dictadura de las buenas maneras”, que lógicamente cayó en desuso con el paso del tiempo, nunca fue aplicada de forma estricta.

               A todo esto hay que añadir una anécdota protagonizada por el mítico James Stewart que ha dado la vuelta al mundo. Ocurre, sin embargo, que como toda buena historia, de tanto roda,r se ha desvirtuado con el paso del tiempo hasta llegar a nuestros días con distintas interpretaciones que casi nada tienen que ver entre sí.

Según la versión comúnmente extendida, el actor norteamericano se presentó con sus maletas en el Ritz durante los años cincuenta, impidiéndosele la entrada por su condición de artista. Al cabo de unos minutos Stewart volvió al hotel luciendo el uniforme de teniente coronel, hay quien dice de general, de las Fuerzas Aéreas norteamericanas. Vestido así, de esta guisa, en recepción no tuvieron más remedio que autorizar su alojamiento. La versión «oficial» del que fue director del hotel, Pablo Kessler, que se encargó personalmente de este asunto, es bien distinta: la embajada de Estados Unidos en Madrid hizo la reserva a nombre del general James Stewart, pero al final, y por motivos que se desconocen, ni siquiera vino al hotel.

Poco importa a estas alturas saber cuál de los dos lances es el auténtico. La cuestión es que la historia del veto a los artistas en el Ritz, imaginario colectivo al margen, cuajó hasta tal punto que, además de Banderas, Fernando Fernán-Gómez (1921-2007) en El viaje a ninguna parte o Sara Montiel (1928-2013) en sus Memorias, también incidieron en esa supuesta prohibición. La artista manchega incluso llegó a relatar que fue directamente «expulsada de la terraza por no estar permitida la entrada a los cómicos».

Como en un planetario

La nómina de actores y actrices, o personajes del mundo del espectáculo y la ‘farándula’, que pasaron por el Ritz, algunos de incógnito, es casi interminable. Sirvan, a modo de ejemplo, los nombres de algunas de estas celebridades:

Imperio Argentina, Leslie Howard, Rita Hayworth, Ava Gardner, Claudia Cardinale, Sofía Loren, Laurence Olivier, Zsa Zsa Gabor, Fredric March, Gina Lollobrígida, George Sanders, Mario Moreno «Cantinflas», Grace Kelly, Elizabeth Taylor, Gene Kelly, Orson Welles, Richard Burton, Anthony Quinn, Henry Fonda, Kirk Douglas, Marcello Mastroinani, Burt Lancaster, Jerry Lewis, Billie Cristal, Danny de Vito, Mel Gibson, Warren Beauty, Woopie Wooldberg, Richard Gere, Silvester Stallone, Linda Fiorentino, Woody Allen, Julia Roberts, Jodie Foster, Sigourney Weaver, Harrison Ford, Leonardo di Caprio, Kevin Costner, Michael Douglas, Tom Cruise, Andy García, George Clooney, Brad Pitt

Definitivamente, el planetario del Ritz siempre ha brillado con luz propia, sin aquel supuesto ‘veto’ a los artistas, que nunca existió como tal.

(Foto de Antonio Banderas y Ana Leza el día de su boda, en 1987: © Sylvia Polakov, publicada por Vanity Fair en 2016).

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