EL FUEGO HA dejado de ser una amenaza estacional en España para convertirse en una constante. Cada verano —y cada vez con mayor frecuencia fuera del estío— las llamas nos recuerdan que el territorio ha cambiado. No nos enfrentamos únicamente ya a incendios convencionales, sino a verdaderos megaincendios de quinta y sexta generación: fenómenos de una intensidad tal que liberan energía suficiente para modificar las condiciones meteorológicas a su alrededor, superando por completo la capacidad humana de extinción.
Cambio climático, deficiente gestión forestal y abandono
Fuegos extremos que no surgen de la nada, sino de la suma de tres factores críticos: el impacto evidente del cambio climático, el despoblamiento y abandono del medio rural, y una gestión forestal históricamente deficiente. La falta de aprovechamiento del monte ha convertido la vegetación en un polvorín continuo.
Nefasto comienzo de julio
Los episodios más recientes confirman este salto de escala. Tragedias como la de Guadalajara —con 32.000 hectáreas calcinadas y más de 1.200 vecinos evacuados—, el incendio de las Cinco Villas en Zaragoza o el impacto sin precedentes en Los Gallardos (Almería) dibujan un mapa de vulnerabilidad desgarrador. 100.000 hectáreas calcinadas solo en lo que llevamos de año con 21 grandes fuegos desatados ya, nos sitúan como el país europeo con más zonas afectadas por las llamas.
Las áreas de conexión urbano-forestal (zonas geográficas donde las estructuras construidas por el hombre, como viviendas, urbanizaciones o pueblos, entran en contacto directo o se mezclan con masas forestales sin gestionar) son hoy mucho más frágiles que hace apenas dos décadas.
Pacto de Estado contra la Emergencia Climática
Frente a esta realidad, la respuesta no puede limitarse a desplegar más medios de extinción cuando el fuego ya está declarado. Los expertos coinciden: la verdadera batalla contra el fuego se libra en invierno, por más que suene a tópico, y se gana en el paisaje. Requiere asumir el problema no como una emergencia puntual, sino como un desafío estructural y social.
Ya sabemos que el actual clima de polarización política en España no invita al optimismo. Todo lo contrario, pero la obligación, incluso moral, de nuestros dirigentes políticos debería llevarles a intentar alcanzar un gran Pacto de Estado –pacto nacional, pacto país, o como se le quiera denominar–, frente a la Emergencia Climática. Un acuerdo urgente, más allá de los cálculos electorales o partidistas, de los bloqueos interesados, de los ciclos políticos o de las disputas territoriales.
Pilares fundamentales:
1) Inversión real en prevención y gestión del paisaje: Fomentar la ganadería extensiva, la extracción de biomasa y el mosaico agroforestal que actúe como cortafuegos natural.
2) Cultura de autoprotección: Concienciar a la ciudadanía y a los municipios situados en zonas de riesgo sobre la necesidad de adaptar sus entornos.
3) Lealtad institucional: Una coordinación técnica e integral entre la Administración central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, situando la protección del territorio por encima del cálculo político o el debate competencial.
Lágrimas e impotencia
Parece evidente que el calentamiento global está intensificando el calor y cada vez hay más vegetación. Según los expertos, España se tiene que acostumbrar a esta nueva realidad invirtiendo en prevención, concienciando a vecinos y administraciones en la cultura de la autoprotección, y entendiendo el problema no como algo técnico, sino social.
Sin una estrategia unificada y a largo plazo, seguiremos condenados a la misma secuencia: lágrimas ante la devastación, declaraciones de impotencia y el silencio de un monte que se apaga hasta el próximo verano.
Vaya desde aquí toda la gratitud y el reconocimiento para quienes, no siempre en las mejores condiciones, permanecen desplegados sobre el terreno para el combate directo contra el fuego: bomberos forestales y urbanos, agentes forestales, BRIF (Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales, MITECO), pilotos y tripulación militar que operan los aviones anfibios, efectivos de la UME (Unidad Militar de Emergencias) y conductores de maquinaria pesada. También servicios sanitarios y de la Cruz Roja, Emergencias 112, Guardia Civil, Policía Nacional y Policías Autonómicas y Locales, que controlan los accesos, gestionan las evacuaciones de poblaciones afectadas, garantizan el orden público y colaboran en la investigación.
Foto: Agentes de las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (MITECO) durante los trabajos nocturnos, este miércoles, en el incendio forestal de La Mierla (Guadalajara). @AT_BRIF


















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