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LA RESTAURACIÓN Y renovación de algunos edificios de Madrid, en ocasiones para su cambio de uso, nos ofrece una magnífica ocasión para rescatar del olvido viejas historias ocultas o perdidas en la apabullante inmensidad la ciudad.

Tal es el caso de la reforma del inmueble que se levanta en el número 20 de la Gran Vía, adquirido por la cadena Evok para albergar un nuevo hotel de lujo en la capital, según ha relatado el periodista Diego Casado en elDiario.es.

El Ayuntamiento de Madrid, según esta información, ya ha aprobado en Junta de Gobierno el plan especial que permitirá la ampliación de la superficie del futuro hotel de cinco estrellas, diseñado por el célebre Philippe Starck, cuya apertura está prevista para 2024. Será, si todo marcha según lo previsto, el segundo hotel de esta compañía con la exclusiva marca Brach estrenada en París.

El inmueble, que data de 1922, está incluido en el Catálogo General de Edificios Protegidos, y en sus bajos estuvo abierto el American Bar Pidoux, que es, en verdad, a donde queríamos llegar.

Allí trabajó durante seis años Pedro ‘Perico’ Chicote (1899-1977), pionero de la hostelería moderna, antes de abrir un poco más arriba el legendario bar que todavía lleva su nombre. Así lo contamos en una entrada anterior, tras haberle dedicado un capítulo en el libro Hotel Ritz. Un siglo en la historia de Madrid:

A todo esto, Chicote ya se había dado a conocer sobradamente al «todo Madrid» de la época, cuando decide marchar a San Sebastián para inaugurar el Gran Kursaal. Nacen los primeros bares americanos a los que empiezan acudir las señoritas, se pone de moda fumar con largas boquillas de ámbar, y se oyen tangos del gran Carlos Gardel, mientras los cócteles comienzan a hacer furor. La popularidad de Chicote crece como un suflé, y de regreso a Madrid entra de barman jefe en el elitista Cook-bar, en la calle de la Reina, que andando el tiempo sería de su propiedad, y que se comunicaba con su famoso bar de la Gran Vía. En 1925 compra el Victoria Palace de San Sebastián, convirtiéndose en patrón en verano y empleado en el Pidoux durante el invierno. Por este bar americano, muy de moda en aquellos años, iban toreros como Domingo Ortega que, en pleno auge de su popularidad, acudía junto a su peña de admiradores.

El aristocrático bar, que en septiembre de 1922 desembarcó en la Gran Vía −entonces Avenida del Conde de Peñalver− ya era una casa de bebidas con treinta años de servicio en Madrid. Llevaba el nombre de Hipólito Pidoux, afamado hostelero francés, que había gestionado el restaurante del Real Tiro de Pichón en la Casa de Campo, además de regentar una tienda de vinos y licores con marcas internacionales en la calle de la Cruz.

Este bar americano, «futuro punto de reunión de la gente bien de Madrid», ha sido decorado por la viuda de Pidoux con gusto y saber hacer, «huyendo del arbitrarlo y dislocado estilo que parece haberse enseñoreado en esta clase de establecimientos en estos últimos años». El establecimiento, que también servirá comidas de encargo, está perfectamente provisto de todo tipo de bebidas y licores. En la tienda contigua se continuarán vendiendo vinos y licores al por mayor y al «detall». Así lo recoge la Biblioteca digital ‘memoriademadrid’, creada en 2008 para digitalizar la documentación histórica que custodia el Ayuntamiento de Madrid, y cuya labor, dicho sea de paso, nos parece encomiable.

Y añade ‘memoriademadrid’ en otras entradas: El American Bar Pidoux, publicitado como el primer «auténtico» bar americano de Madrid por la casa Viuda de H. Pidoux concesionaria de champagnes y licores extranjeros. Como dice la noticia de la que se extrae la imagen, este bar americano, «futuro punto de reunión de la gente bien de Madrid», ha sido decorado por la viuda de Pidoux con gusto y saber hacer, «huyendo del arbitrarlo y dislocado estilo que parece haberse enseñoreado en esta clase de establecimientos en estos últimos años». El establecimiento, que también servirá comidas de encargo, está perfectamente provisto de todo tipo de bebidas y licores. En la tienda contigua se continuarán vendiendo vinos y licores al por mayor y al «detall».

En el formidable blog ‘Antiguos Cafés de Madrid’, de donde hemos obtenido la foto que ilustra esta entrada, se aportan más detalles en una completa información ofrecida por M. R. Giménez.

A los ‘muy cafeteros’, les recomiendo “El bar americano en Madrid 1930. Del café tradicional al local moderno”, un estupendo trabajo de fin de grado firmado por la estudiante Claudia Mira Cobo, de la Universidad Politécnica de Madrid, donde se puede leer que el Pidoux “huyó del dislocado estilo que tenían los establecimientos de la época y se instaló como un bar de buen gusto y seriedad”.

Estaba pensado para una clientela elegante y chic, la cual lo acogió como punto de reunión en Madrid. No existía todavía ningún bar americano que ofreciese el confort y elegancia que este público demandaba. La viuda de H. Pidoux reunió elementos con gran valor y los dispuso de manera armoniosa, utilizando maderas nobles de roble macizo, mármoles, metales, solados, etc. Introdujo la novedad de las altas banquetas al uso americano, nunca antes vistas en Madrid. Fue escenario de varias películas de la época, entre ellas La condesa María de 1928. El famoso barman Pedro Chicote, trabajó durante seis años en este establecimiento. Es posible que llegase a su fin antes de la Guerra Civil. No se han encontrado reseñas de este establecimiento en años posteriores”, detalla Mira Cobo en su muy documentado TFG.

Y por si le faltara algún ingrediente al edificio del futuro hotel, resulta en parte de su solar estuvo también el Palacio de Masserano, por donde inicialmente encontró acomodo también la Fonda de Genieys, pero esa es otra historia.

Rescatar del olvido a los viejos cafés de Madrid, como muchos de los personajes que los frecuentaron, se nos antoja una buena forma de seguir rindiendo tributo a nuestra ciudad, además de suponer una magnífica oportunidad para conectar el pasado con el agitado tiempo que nos ha tocado vivir.

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