EL VIENTO SOPLA con fuerza, las olas de calor se encadenan unas a otras, las temperaturas se acercan o superan los 40 grados y el humo tiñe el cielo de un naranja apocalíptico. El impacto psicológico y emocional de cualquier persona con un mínimo de empatía no puede ser más que de tristeza e impotencia.
En nuestra entrada anterior, Megaincendios forestales: la impotencia del paisaje en llamas, abordamos la magnitud física de estas catástrofes de última generación y la fragilidad de nuestro territorio ante el avance del fuego. No se habían desatado entonces los incendios de Madrid, Toledo, Ávila y Castellón, y aún queda el mes de agosto. Sin embargo, existe otra vorágine que se propaga en paralelo, de forma casi instantánea y con una capacidad destructiva igualmente preocupante: la desinformación. No es la primera vez que hablamos del peligro de las noticias falsas en este blog. Al fin y al cabo, las palabras, como la verdad, también importan.
En plena emergencia por incendios forestales, mientras los equipos de extinción se juegan (literalmente) la vida en el terreno, en el entorno digital se desencadena una tormenta perfecta de bulos, teorías de la conspiración y datos falsos. Una amenaza que no solo desorienta a la opinión pública, sino que pone en riesgo operativo la seguridad de los propios brigadistas y de la población civil.
El algoritmo de la histeria
La velocidad a la que se difunde un rumor durante una catástrofe supera con creces la capacidad de respuesta de los canales oficiales. La ciencia ha logrado cuantificar este fenómeno: un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT) publicado en la revista Science en 2018 reveló que las noticias falsas tienen un 70% más de probabilidades de ser replicadas que las verdaderas, extendiéndose hasta seis veces más rápido en redes sociales. Ese mismo estudio concluye que «son los seres humanos, y no los bots, los principales responsables de la difusión de información engañosa».
En el contexto de los incendios, este impacto se amplifica por el componente emocional. La angustia, la empatía y la incertidumbre actúan como catalizadores de la viralidad.
«En una situación de crisis, el cerebro humano busca respuestas rápidas para reducir la sensación de indefensión. Los bulos ofrecen explicaciones simples y tajantes a fenómenos complejos, lo que los hace altamente contagiosos», explican expertos en psicología de emergencias, entre ellos Ramón Nogueras, José C. Perales o Aurora Gómez.
Narrativas recurrentes: del pánico a la manipulación política
A lo largo de las últimas campañas de incendios, las falsedades que circulan por plataformas de mensajería y redes sociales suelen seguir unos patrones definidos, perfectamente reconocibles:
- Negacionismo climático, pese a las evidencias científicas: El calentamiento es, ante todo, una amenaza para la salud global, según los expertos. Con frecuencia, ese negacionismo suele disfrazarse de defensa de la libertad económica o rechazo a las regulaciones, sin base científica real.
- Falsas evacuaciones y alertas inventadas: Mensajes de audio alarmistas que anuncian desalojos inminentes en municipios donde no existe riesgo directo, saturando las líneas del 112 y generando estampidas innecesarias.
- La búsqueda de culpables intencionados: La atribución automática del origen del fuego a colectivos específicos (inmigrantes, brigadistas en huelga, intereses de multinacionales o leyes de cambio climático) sin esperar a los peritajes de la Seprona o los agentes forestales.
- Contenido fuera de contexto: Imágenes y vídeos de incendios pasados o situados en otros continentes que se presentan como acontecimientos en tiempo real para aumentar el impacto emocional.
- De los creadores del mantra “es verano y en verano hace calor”, he aquí algunos de los bulos que circulan por las redes sociales (con datos de julio de 2022).
- «En España está prohibido limpiar los montes, lo que empeora las consecuencias de incendios e inundaciones». Es uno de los bulos preferidos por quienes, por mala información o maldad, se dedican a propagar falsedades. En España la Ley de Montes obliga a los propietarios de los terrenos forestales a realizar determinadas tareas para prevenir incendios y cada CCAA regula las tareas, algunas a través de solicitudes.
Cuando la desinformación frena los servicios de emergencia
Las consecuencias de estos bulos no se quedan en la pantalla. Fuentes del operativo de incendios y de la Unidad Militar de Emergencias (UME) han reiterado en diversas ocasiones cómo la desinformación dificulta el trabajo técnico.
Un rumor sobre un supuesto frente de fuego descontrolado en una urbanización puede provocar que decenas de vecinos bloqueen pistas de acceso tratando de huir, impidiendo la entrada de los camiones de bomberos o poniendo en peligro el despegue de medios aéreos por el uso imprudente de drones particulares para «verificar» la situación.
Responsabilidad periodística e individual frente a las llamas digitales
Para los informadores y comunicadores, el rigor en la cobertura de una emergencia no debería ser una opción estilística, sino un imperativo ético y de servicio público. La prisa por el clic o la exclusividad no puede comprometer la veracidad cuando hay vidas y patrimonios en juego.
Frente a la marea de información no contrastada, la alfabetización mediática de la ciudadanía se convierte en la primera línea de defensa. La recomendación de los organismos de protección civil es rotunda:
- Acudir siempre a fuentes oficiales: Cuentas de Servicios de Emergencia (112), Consorcios de Bomberos, Agentes Forestales, AEMET, Policía Nacional, Guardia Civil y la Unidad Militar de Emergencias (UME), además de CCAA y Delegaciones del Gobierno.
- Aplicar la pausa crítica: No compartir ningún mensaje, audio o vídeo si no procede de un canal verificado, por muy alarmante o convincente que parezca.
- Desconfiar del anonimato: Los audios de «el primo de un amigo que está en la brigada» suelen ser el vehículo preferido de la desinformación.
Proteger la verdad para proteger el territorio
Los megaincendios del siglo XXI nos enfrentan a retos climáticos y territoriales sin precedentes. Sin embargo, la batalla contra el fuego se libra también en la esfera pública y en nuestros propios dispositivos. Si el paisaje quemado nos deja una sensación de impotencia, permitir que la mentira y el caos guíen la respuesta social solo añade cenizas a la tragedia.
Apagar los incendios requiere agua, coordinación, estrategia y la destreza de nuestros profesionales; apagar los bulos requiere sentido crítico, responsabilidad colectiva y un compromiso ineludible con la verdad.
Foto: Brigadas Forestales (BRIF), MITECO.



















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