¿QUÉ HACE UNA pequeña placa de latón en una acera de Madrid recordando a alguien asesinado por los nazis, cuando España fue oficialmente neutral? Es la pregunta que muy posiblemente se puedan hacer quienes caminen, sobre todo, por Lavapiés, Embajadores, Chamberí, Malasaña, Tetuán o Centro.
En estas zonas es donde hay una mayor concentración de estos pequeños resaltes dorados en forma de adoquines para evocar la memoria de los deportados en campos de concentración. Así son las Stolpersteine (traducible del alemán por ‘piedras que hacen tropezar’): brillantes estelas cuadradas de 10×10 cm, incrustadas en el pavimento de las aceras, como aldabonazos en nuestra conciencia, para recordar a las víctimas del horror nazi.
La última, según publicaba elDiario.es, fue colocada hace apenas unos días en la pequeña calle de Pedro Rogel (Tetuán), en recuerdo de Fidel Hernández Barrigón, militante de UGT y miliciano del Quinto Regimiento, que se exilió en Francia, pasó por Mauthaussen y fue asesinado en el campo auxiliar de Gusen. Una de estas piedras le recordará para siempre junto al lugar donde estuvo la casa baja en la que vivió su familia.
A tan encomiable tarea dedican su tiempo y energía los promotores de esta iniciativa ciudadana −Isabel Martínez Narro y Jesús Rodríguez Pérez, en el caso de Madrid− en recuerdo de quienes fueron asesinados, deportados, expulsados o llevados al suicidio a causa de las políticas del nazismo. Este matrimonio de jubilados, que lleva años investigando, coordina con la Fundación Demnig en Alemania las peticiones de placas recibidas y ayudan a los familiares de las víctimas a colocar sus stolpersteine en su último domicilio conocido.
‘Madrid 100 Stolpersteine’
En esta ciudad, otra de las acciones más recientes de los impulsores ha sido la publicación de una carpeta conmemorativa que incluye un mapa donde se reflejan las 100 ubicaciones de las Stolpersteine colocadas hasta finales de 2025, junto a varias reproducciones de las acuarelas realizadas por David Cárdenas Lorenzo.
En Wikipedia hay también una relación bastante actualizada de estos micromonumentos, cuyas primeras piedras fueron puestas en Madrid el 26 de abril de 2019. Colocadas personalmente por el impulsor del proyecto, el creador alemán Gunter Demnig, «el artista de la memoria histórica», como un homenaje a las víctimas de la persecución nazi en Alemania.
Hasta la fecha, según datos recientes, más de 116.000 stolpersteine se han colocado en casi 2.000 municipios de 31 países europeos, varios cientos de ellas en España, que recuerdan a republicanos españoles deportados a los campos nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Nuestro país no fue ocupado, pero un total de 9.161 presos republicanos, exiliados y capturados en Francia, estuvieron en los campos de concentración, de los cuales casi el 60% murieron ejecutados o víctimas de las condiciones de vida inhumanas. 750 de ellos fueron deportados a Neuengamme (en la periferia de Hamburgo). Hubo 3.539 supervivientes, pero aún se desconoce el paradero de 456, según datos oficiales.
Doble persecución
Estas piedras, en definitiva, nos recuerdan que la «neutralidad oficial» no impidió que estas personas sufrieran una doble persecución: la del horror nazi tras haber tras haber escapado del franquismo. Cruzaron los Pirineos en busca de la libertad y encontraron alambradas antes del espanto totalitario.
En estos tiempos de desmemoria, en una ciudad que en ocasiones prefiere olvidar, en estos «Días de ceniza», estas piedras son más necesarias que nunca. Porque nos obligan a tropezar con el recuerdo. A mirar hacia abajo y hacia atrás, antes de que los discursos excluyentes y negacionistas nos sitúen ante el horror que se perfila y adivina en el horizonte.
No pases de largo
Por eso es tan importante la iniciativa de Isabel y Jesús. Porque no son solo piedras. Son heridas abiertas en las aceras. Son formas de decir «perdón por haber tardado tanto». Son puentes entre abuelos que murieron solos en barracones helados y nietos que, al fin, pueden dejar flores o simplemente posar su mano sobre una inscripción en latón que nunca dejará de brillar.
Cuando pases por una de ellas, no sigas caminando. Detente. Lee el nombre en voz baja. Di “aquí vivió”… Y luego, si te es posible, saca el móvil y busca en Google quien era esa persona. Deja que la piedra cumpla su misión. Deja que esa información te duela un poco. Porque ese dolor es la única forma que tenemos de devolverles, aunque sea por un segundo, la dignidad que les robaron.


















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