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Adiós, Mariano, adiós


"ES LO MEJOR para mí, para el PP y para España". Cuatro días después de perder el Gobierno, un emocionado Mariano Rajoy anunciaba súbitamente ante el Comité Ejecutivo Nacional que deja la presidencia del PP y que el nuevo liderazgo del partido se decidirá en un congreso extraordinario, previsiblemente en julio.

Tendrá que ser su sucesor, pues, quien abandere la renovación que tanto necesita este partido y que, hasta ahora, los dirigentes populares se habían negado a ver. Callaron, como solo saben callar en la formación conservadora, y nadie osó levantar su voz para pedir los cambios que muchos desde fuera veían necesarios, inaplazables e incluso urgentes.

Alberto Núñez Feijóo (el que cuenta con más apoyos), Íñigo de la Serna (el ‘tapado’ con buena imagen), María Dolores de Cospedal (con el control todavía del aparato del partido), Soraya Sáenz de Santamaría (con buena ‘prensa’ pero sin poder orgánico o territorial), Ana Pastor o Alfonso Alonso aparecen ya en casi todas las quinielas para suceder a Rajoy, en la presidencia del PP desde 2003, cuando fue elegido mediante el ‘sistema digital’ por obra y gracia de José María Aznar. Desde entonces ha perdido dos elecciones generales (2004 y 2008), ha ganado en tres ocasiones (2011, 2015 y 2016), y ha gobernado durante casi siete años (2011-2018).

El expresidente del Gobierno, incombustible hasta que ha dejado de serlo, se marcha tras casi 40 años de intensa actividad política, en la que lo ha sido todo: diputado autonómico, ministro, vicepresidente y presidente del Gobierno. Mientras llega el anunciado congreso extraordinario y se abre la “nueva etapa”, Rajoy no planteará ningún cambio en el partido, ni en el grupo parlamentario, ni nombrará candidatos a las elecciones autonómicas y municipales. "Estaré a la orden de quien decidáis, y a la orden es a la orden y con lealtad ", concluía Rajoy a modo de reproche hacia Aznar.

Un final inesperado –como casi todos los finales– para la carrera de un político que ganó fama como gran gestor de los tiempos y que, en poco más de una semana, ha pasado de celebrar la aprobación de los Presupuestos de 2018 a verse desalojado del poder y a dimitir del partido.

Hace apenas unos días celebraba el visto bueno de las cuentas públicas y ahora, paradojas de la política, se ve obligado a irse a su casa asediado por la sentencia de la primera pieza del caso Gürtel. “He intentado ser justo, proteger el buen nombre de nuestro partido y he asumido mis errores y los que no eran míos", ha indicado, en su descargo, con una desolación fácilmente imaginable.

De momento Rajoy, experto en dejar que los temas se pudrieran hasta la exasperación de propios y extraños y que, según los que saben de esto, manejaba los tiempos como nadie, no ha podido, o no ha sabido, lidiar el escándalo político que finalmente se lo ha llevado por delante.

El caso es que el PP tendrá que emplearse a fondo, y necesitará Dios y ayuda, para dejar atrás los episodios de corrupción que Rajoy se ha negado a ver, buscar un revulsivo y proceder a una profunda renovación de discursos y de personas. El líder que se había hecho experto en manejar los tiempos no supo medir las consecuencias de la trama corrupta que lo ha descabalgado. Un “político elegante e inteligente que sabía escuchar; fue un honor ser su rival y combatirle políticamente; se ganó mi respeto” ha dicho de él Pablo Iglesias. Dicen que lo cortés no quita lo valiente y, visto lo visto, debe ser cierto.

Rajoy acaba de dar el primer paso para emprender la dura travesía del desierto por la que ya transitan, algunos como almas en pena, Aznar, Gallardón, Aguirre, Cifuentes… y tantos otros. No pasa nada; como suele decirse, fuera de la política también hay vida.

Todo lo tuvo, (casi) todo lo ha perdido. La política es así, mal que pese a muchos. Parecía incombustible, hasta que llegó su hora.

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Soy periodista, es decir, soy cotilla por naturaleza, y me encanta fisgar por las bitácoras ajenas. La cuestión es que, de tanto husmear, me he aficionado a esta peculiar, y todavía incipiente, forma de expresión. Confieso, muy a mi pesar, que nunca hasta ahora había dejado huella en un blog y que mis discretos paseos tampoco han dejado mención digna de recuerdo.
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Aun así, en la Puerta del Sol y en la calle Aduana, se empeñaron en mantener un pulso que sólo ha servido para ocasionar un monumental embrollo. Confusión y molestias, primero a los pacientes y luego a los farmacéuticos, convertidos en recaudadores de una medida que no comparten. Ni los farmacéuticos, ni tampoco los médicos que son, al fin y al cabo, los que deciden qué es lo más adecuado para el enfermo.
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Mi libro

HOY VENGO A hablar de mi libro. Empieza a salir a la venta la obrita "Hotel Ritz. Un siglo en la historia de Madrid" a la que tanto tiempo, esfuerzo y cariño he dedicado en los últimos años. Cuando era joven, más que ahora, tuve el honor de trabajar en el Ritz de camarero. Ocurrió en una época ya lejana en la que, además de frecuentar el bar de la Facultad de Ciencias de la Información, pude terminar Periodismo. 
Este librito, por tanto, responde a la necesidad imperiosa de contar lo que vi, vestido de frac y pajarita, además de la multitud de jugosas anécdotas e historias narradas por mis ex compañeros y en las que luego profundicé adentrándome en libros y hemerotecas. He querido hacer un relato periodístico huyendo de los trazos en primera persona aunque, naturalmente, algunos de los pasajes que cuento fueron vivencias personales. 
Casi medio millar de personajes de todos los ámbitos, sobre todo del poder, de la política, de la cultura y del espectáculo, desfilan por sus …

Cifuentes, al borde del precipicio

DE TODOS LOS caminos para ejercitar su defensa, ante las graves acusaciones que pesan sobre ella en el ‘caso del máster’, la presidenta madrileña ha optado por el más inconveniente y arriesgado. Matar al mensajero siempre ha sido una tentación demasiado fácil, a la par que estéril, dado que, por mucho que se empeñe Cristina Cifuentes, los periodistas no van a dejar de cumplir con su obligación de informar.
Y no solo eso, la presidenta del PP madrileño tendrá que ser un poco más explícita cuando dice, sin acreditarlo, que hay una “cacería política y personal” contra su persona. ¿Por parte de quién? ¿Con qué intención?
Si la información sobre el “falseamiento” de sus notas en el máster que cursó en 2011-12 en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), adelantada por la periodista Raquel Ejerique, redactora jefa de política social en ‘eldiario.es’, es tan “falsa, parcial y tendenciosa” como sostiene Cifuentes, lo que debería haber hecho la presidenta es desmontar las acusaciones con datos y d…