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El delito de Cassandra y sus 13 tuits

HAY UN TIPO de humor que no me hace demasiada gracia. Ninguna, por decirlo sin ambages. Es normal. A todo el mundo no tienen por qué gustarle las mismas cosas. Incluso, es muy saludable que sea así. Dicho lo cual, y como tantos otros, continuo perplejo por la condena a un año de cárcel para la tuitera Cassandra, estudiante de Historia de 21 años. Y el asombro no es menor por el hecho de que sea muy improbable que la joven tenga que ingresar en prisión dado que, con independencia de que recurra al Tribunal Supremo, los condenados por delitos no violentos con una pena inferior a dos años no son encarcelados.

La Audiencia Nacional, siguiendo el criterio de la Fiscalía, considera que los comentarios que hizo sobre el atentado de Carrero Blanco son enaltecimiento del terrorismo porque aunque hayan pasado 40 años "la lacra del terrorismo persiste" y todas las víctimas "merecen respeto".

Según el fallo judicial, los comentarios que escribió sobre Carrero entre 2013 y 2016 "constituyen desprecio, deshonra, descrédito, burla y afrenta a las personas que han sufrido el zarpazo del terrorismo".

Entiende además la Audiencia Nacional que los tuits por los que fue juzgada, "Ojalá el IRA hubiera conseguido matar a Margaret Thatcher, hubiera sido un Carrero Blanco a la irlandesa" o "Qué mal hizo ETA dejando a tanto hijo de puta vivo", son "expresiones muy alejadas de la tesis de la defensa sobre ridiculización" de "las acciones de ETA".

"ETA impulsó una política contra los coches oficiales combinada con un programa espacial", "Kissinger le regaló a Carrero Blanco un trozo de la luna, ETA le pagó el viaje a ella" o la alusión a la película "A tres metros sobre el cielo" fueron algunas de las referencias que hizo al asesinato de Carrero en los trece tuits investigados. También convendría recordar que una de las nietas del expresidente del Gobierno franquista solicitó, en una carta en ELPAÍS, la absolución de la joven.

El debate, que rápidamente ha prendido en la opinión pública, tiene que ver, por resumir, con varios aspectos: si un chiste puede ser considerado enaltecimiento del terrorismo, si es delito algo que se lleva haciendo en España durante años y si comentarios de este tipo, en los que se mezcla el humor absurdo con hechos históricos, deben merecer reproche penal.

Paradójicamente, hace unos días, otra sección de la misma Sala de lo Penal de la Audiencia, absolvió al tuitero bilbaíno, Arkaitz Terrón, que entre 2011 y 2015, también escribió mensajes en Twitter en los que, entre otras manifestaciones, alababa el asesinato de Carrero Blanco.

El pasado mes de enero, el Tribunal Supremo condenó por enaltecimiento al cantante César Strawberry. En ese caso no se tuvo en cuenta el contexto humorístico en que publicó varios tuits sobre los GRAPO o el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, secuestrado durante 532 días por la banda terrorista ETA.

"Me asusta una sociedad en la que la libertad de expresión, por lamentable que sea, pueda acarrear penas de prisión”, escribió Lucía Carrero-Blanco con gran generosidad. La misma lección que nos dejó Irene Villa, víctima de ETA, cuando a raíz del ‘caso Zapata’ envió un escrito diciendo que no se sintió humillada.

Irene, que perdió las dos piernas y tres dedos de la mano izquierda por culpa de una bomba colocada por la banda terrorista, recordó entonces que “no hay ningún problema” con los chistes de dudoso humor vertidos sobre su persona. “Mi chiste favorito es el que me define como una persona explosiva”, comentó con el mejor de los humores.


Creo que estos dos ejemplos hablan por sí solos y sitúan el debate en un contexto de una sensatez que, visto lo visto, no abunda en el ámbito legislativo y judicial. La condena de Cassandra es, cuando menos, absurda. A algunos, sus tuits no nos hacen ni pizca de gracia. Son incluso de mal gusto, pero solo es humor. Y por eso nadie debería ser condenado, salvo que quieran, claro, provocar una gran carcajada.

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