LEÍ EN EL Diario Montañés, y captó mi atención por lo alegórico del titular, que el menú del catering para los asistentes a la Conferencia de Presidentes, en Santander, sería “sencillo de comer y, a petición de Moncloa, sin cuchillos”. “Que no haya que usar cuchillos para cortar”. “No es que pretendan evitar riesgos en las discusiones entre populares y socialistas, sino facilitar el trabajo”, precisaba con ingenio el redactor de la noticia.
Como es sabido, hacía casi tres años que no se convocaba este encuentro −desde marzo de 2022 en La Palma−, y todo apuntaba a que la cosa acabaría mal. La polarización extrema, la voladura de puentes entre los dos principales partidos políticos y el fuego cruzado de la corrupción, cuya mención lo hubiera dinamitado todo, permitían aventurar lo peor.
Mini tregua
Y, sin embargo, sin ser un camino de rosas, la cita transcurrió mejor de lo esperado. Sin acuerdos, es cierto, con las discrepancias insalvables a flor de piel, pero sin que las heridas se agravaran. No hubo milagro en el Palacio de la Magdalena, los asistentes salieron igual de divididos que entraron, esto es innegable, pero los gestos de aproximación y no beligerancia extrema también cuentan y mucho.
Desde ese punto de vista, y dado que el Senado sigue sin cumplir con su función constitucional de ser una auténtica Cámara de representación territorial, bueno sería que la celebración de este foro tuviera lugar de forma más habitual. ¿A quién no le va a gustar una Conferencia de Presidentes, al menos, una vez al año? La fuerte carga simbólica con la imagen Felipe VI encabezando una foto de familia con el presidente del Gobierno y todos los presidentes autonómicos, incluidos el de la Generalitat y el lehendakari, debería ser más frecuente.
Resulta innegable que los importantes asuntos que había sobre la mesa: vivienda, sanidad, inmigración, financiación y deuda de la CCAA merecían algún resultado más palpable y concreto, pero no es poca cosa, dadas las circunstancias, que cada uno pueda exponer lo que mejor considere en un foro multilateral. La celebración en enero de un Consejo de Política Fiscal para tratar de acordar la condonación de la deuda a los gobiernos autonómicos tampoco es poca cosa.
Normalidad institucional
De momento, nos quedamos con la normalidad institucional, que no es poca cosa, más allá del gélido saludo entre Sánchez y Ayuso, del enfrentamiento entre Illa y la presidenta madrileña, de las pullas de García-Page, de las secas intervenciones de Guardiola y Azcón, del corte a Mazón por sobrepasar el tiempo de intervención, o de la desolación de Clavijo, cuya propuesta para desbloquear el traslado de menores migrantes a la Península tampoco prosperó.
Una oportunidad perdida la de esta Conferencia, sostienen algunos, y no les falta razón, pero no es menos cierto que los cuchillos se quedaron fuera y que fue un acierto escoger un menú sin instrumentos para cortar.
(FOTO: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa)



















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