EL MUSEO DE Historia de Madrid (Fuencarral, 78) conserva una copia en polyester del busto de La Cibeles, obtenida en 1980 durante las obras de restauración de la fuente. Esa réplica se puede ver estos días en el exterior del Museo, junto a la puerta principal de acceso, y el motivo de su reseña ahora es la coincidencia con el inicio de los estudios previos que ha encargado el Ayuntamiento de Madrid para la eventual restauración del conjunto escultórico.
La copia en cuestión fue realizada antes de la intervención de la fuente hace 45 años −la más reciente data de 2016−, y en ese torso se aprecian con nitidez algunos de los desperfectos que la figura de la diosa acumulaba entonces: una grieta que separaba en dos la escultura y la tosca reparación que se hizo de una rotura en su nariz.
Vaciado de la fuente
El motivo de revisión ahora tiene que ver con la aparición de una «pátina blanquecina», quién sabe si como consecuencia de la contaminación, detectada visualmente por los técnicos municipales. En la primera fase de la operación se va a proceder al vaciado de la fuente este martes y miércoles para someter a la diosa a una examen general y actuar en consecuencia, en caso de que se detecte alguna patología. A la espera de lo que dictaminen los técnicos, una limpieza a fondo y un tratamiento preventivo y correctivo se da casi por asegurado.
También en esta ocasión, el Área de Cultura, Turismo y Deporte tiene previsto optar por el ‘modelo Neptuno’ de colaboración público-privada ensayado en la fuente de la plaza de Cánovas del Castillo y cuya reparación fue patrocinada por una firma francesa de cosméticos y belleza.
Diseño del gran Ventura Rodríguez
La fuente original de Cibeles, construida durante el reinado de Carlos III −entre 1777 y 1782−, no entró en funcionamiento hasta diez años después. Fue un encargo del Consejo de Castilla y su diseño lleva la firma el Maestro Mayor de la Villa, el arquitecto Ventura Rodríguez Tizón (Ciempozuelos 1717-Madrid 1785.
Fue esculpida por Francisco Gutiérrez Arribas (San Vicente de Arévalo, 1724-Madrid, 1782), autor de la figura de la diosa y las ruedas del carro, mientras que los dos leones son obra de Roberto Michel Reimond (1720-1786). El escultor Gutiérrez también participó en las Cuatro Fuentes del Paseo del Prado (1781), proyecto igualmente de Ventura Rodríguez para el embellecimiento del Salón del Prado de San Jerónimo. El conjunto escultórico de la diosa y los leones está labrado en mármol de la localidad toledana de Montesclaros, junto a la provincia de Ávila, y en piedra de Redueña (Madrid) el resto.
La Cibeles representa a la Magna Mater, la madre Tierra, diosa primigenia procedente de Frigia, cuyo culto fue exportado a Grecia y adoptado luego por los romanos. Lleva en sus manos un cetro y la llave de la ciudad, símbolo de poder y protección. Los leones que aparecen en la fuente, según la mitología, son los amantes Hipómenes y Atalanta, obligados a tirar de su carro en forma de leones como castigo de la diosa, por profanar su templo.
La Cibeles mexicana
Los trabajos de restauración de 1980 fueron aprovechados para realizar un molde del grupo escultórico con el fin de hacer una réplica exacta de la fuente, que desde entonces permanece en la ciudad de México como símbolo de hermandad entre la comunidad española y la mexicana. La inauguración tuvo lugar en presencia del entonces alcalde, Enrique Tierno Galván, y del presidente López Portillo. La copia en polyester es la que estos días se puede ver en el exterior del Museo de Historia de Madrid como testimonio de aquella operación. Es una buena ocasión para poder contemplarla, aunque sea una copia, tan cerca como un jugador del Real Madrid en sus celebraciones deportivas.
No es la única réplica fidedigna: otra más se construyó en una zona residencial a las afueras de Pekín. Por no citar −sin llegar a ser una copia exacta, ni de lejos−, la Fuente Cibelina, en Getafe, tan modesta como controvertida, más propia del arte naíf.
Desperfectos y actos vandálicos
En sus casi 250 años de ajetreada historia, la Fuente de Cibeles ha sufrido todo tipo de avatares y no siempre para bien.
En un principio, a ambos lados de la diosa fueron colocados un oso y un grifo (mitad águila, mitad león) −símbolos heráldicos de la ciudad, labrados por Alfonso Giraldo Bergaz−, por cuyas bocas manaba agua a disposición de los aguadores oficiales y de los madrileños en general, pero en 1860 fueron retirados. En la actualidad, esos elementos se pueden ver en el patio renacentista del Museo de San Isidro-Los Orígenes de Madrid, tras haber pasado, por separado, por la antigua Casa Fieras del Retiro y la Casa de Cisneros, en la plaza de la Villa. Originalmente, el pilón de la fuente también sirvió de abrevadero para las caballerías.
En 1891 la fuente fue trasladada desde su ubicación inicial, en la esquina del Palacio de Buenavista (Cuartel General del Ejército de Tierra), al centro de la plaza debido a una reorganización urbanística (José López Salaberry) que la dotó de la forma circular que conserva en nuestros días. Como consecuencia de aquel desplazamiento, dejó de mirar a la Fuente de Neptuno para dirigir su mirada hacia la Puerta del Sol. Con el traslado de ubicación fueron incorporados dos niños que llevan una caracola y un ánfora de donde surge el agua con una finalidad tan sólo ornamental. Al principio, fue denominada plaza de Madrid y de Castelar en 1900.
República y Guerra Civil
El 14 de abril de 1931, en el transcurso de la proclamación de la Segunda República española, la diosa perdió la mano derecha y la llave que sostiene en la izquierda. Durante la Guerra Civil, al poco de comenzar la contienda, el monumento sufrió graves desperfectos, a pesar de los intentos para protegerla de las bombas del bando enemigo por parte de los republicanos con sacos terreros y una estructura piramidal de ladrillo. Al finalizar la contienda, se procedió a la limpieza y restauración de los elementos dañados: brazo derecho y nariz, así como el morro, la pata y la cola de uno de los leones.
Punto de celebraciones deportivas
Hasta 1985, atléticos y madridistas compartían Cibeles como lugar de celebración de sus éxitos futbolísticos. Fue a partir de la final de la Copa del Rey de 1991, que enfrentó a ambos equipos, cuando la afición rojiblanca trasladó sus festejos a la “hermana” plaza de Neptuno. Desde mediados de los 80 del siglo pasado, y dada la costumbre de celebrar las victorias del club blanco con los jugadores subidos a la estatua, la diosa perdió la mano derecha (1994), que tuvo que ser repuesta, limitándose desde entonces el acceso.
En septiembre de 2002 también se procedió a reponer, tallada en piedra natural, la mano izquierda de la Cibeles, desaparecida como consecuencia de un acto vandálico. El autor de la rotura fue condenado a una multa de 3.240 euros y a indemnizar al Ayuntamiento de Madrid con 23.198 euros, por un delito de daños en el patrimonio histórico. Había intentado subirse a la cabeza de la diosa tras haberse desnudado en introducido dentro de la fuente junto a varios amigos con evidentes síntomas de embriaguez. El escultor José Luis Parés Parra fue el encargado de ejecutar la copia con mármol de la cantera original de Montesclaros. De la mano de la diosa, que pesaba unos seis kilos y que los gamberros se llevaron, nunca más se supo.
Identidad madrileña
El fin último de los trabajos de diagnóstico en marcha no es otro que la fuente de la diosa luzca tan sana y luminosa como merece. Por la historia y el simbolismo que atesora y por la identidad de nuestra ciudad que conforma, además de ser uno de los iconos más reconocibles de Madrid en todo el mundo.



















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