Una visita turística de dos semanas por Corea del Sur no le confiere a uno el título de experto en este gran país del Asia Oriental, aunque no por ello dejaré de comentar los aspectos que más me han llamado la atención.
Son consideraciones personales, con carácter general, sin más afán que el de compartirlas con quienes puedan estar interesados en saber algo más de una de las civilizaciones más antiguas del mundo y de las más avanzadas desde el punto de vista tecnológico.
A modo de anticipo, diríamos que la vida en Corea, según las impresiones recogidas en Seúl, Busan, Gyeongju y Jeju, es una mezcla de alta tecnología y conexión con la cultura tradicional. Sin olvidar, claro, que también hay desigualdades territoriales y falta de equidad social y que, según datos recientes, el suicidio es la principal causa de muerte entre los menores de 50 años.
1.- Seguridad y emergencias
No hay policías patrullando por la calles, pero en cambio hay cámaras CCTV de vigilancia con IA, algunas de gran tamaño, prácticamente en cada esquina, parques incluidos, con cajas de llamada emergencia. Apps como Ansimi detectan emergencias en tiempo real.
Corea se considera uno de los países más seguros del mundo y los índices de criminalidad son bajos. En Seúl, 2,3 delitos violentos por cada 1.000 habitantes, frente a las 60,2 infracciones penales en Madrid, según datos de 2023.
Durante la estancia recibí varios mensajes en mi teléfono móvil con avisos que alertaban sobre la llegada de lluvias intensas, el corte de una carretera o la desaparición de un señor mayor.
Hoteles, centros comerciales y lugares de gran afluencia disponen de zonas reservadas con armarios que disponen de elementos de protección para utilizar en caso catástrofe o emergencia.
2.- Tecnología
El desarrollo tecnológico es palpable desde que uno pisa Corea, con gran protagonismo para las pantallas, que sorprenden por su tamaño y nitidez.
La impresión en todo momento es que uno está en uno de los países más avanzados del mundo en cuanto a electrónica y telecomunicaciones. Avances, que son extensibles a todos los aspectos de la vida cotidiana, desde la conectividad al sistema de transporte o a los museos.
Gigantes tecnológicos como Samsung y LG; Naver o Kakao, líderes en IA para búsqueda (Google Maps no funciona bien en Corea); o la industria automovilística del grupo Hyundai Motor (que incluye Hyundai y Kia, o la marca de lujo Genesis), son algunos de los pilares clave de la economía coreana, además de su sello de modernidad.
3.- Transportes
La red de transportes (trenes, metro y autobuses) es amplia y asequible. Funciona con eficacia y puntualidad, al tiempo que dispone de un sistema de información muy completo.
El metro −23 líneas y 700 estaciones en Seúl−, tiene instalada una barrera con una puerta de cristal que impide que alguien pueda caer al andén y que solo se abre cuando llega el convoy. Dispone de trenes automatizados y pantallas digitales con información en coreano, inglés, chino y japonés. Los pasajeros hacen cola ordenadamente a izquierda y derecha, dejando siempre libre el centro para la salida de los viajeros.
El tren de Alta Velocidad KTX reduce el viaje Seúl-Busan de 4 horas por carretera a 2 horas y 15 minutos.
Los avanzados sistemas de tráfico inteligente con IA, capaces de optimizar semáforos y rutas, no han conseguido evitar los problemas de congestión a la hora de circular en vehículo privado por Seúl. En el caso de la Isla de Jeju (con una extensión como Tenerife), los límites de velocidad son estrictos.
4.- Contrastes
Sorprende que la deslumbrante fastuosidad de los numerosos rascacielos conviva, en los callejones de atrás, con viviendas muy modestas y negocios igualmente sencillos. Este contraste evidencia una gran desigualdad económica y social.
De un lado, distritos como Gangnam (boutiques de lujo, clínicas de cirugía estética) y Yeouido, dominados por edificios de vidrio y acero y torres como el Lotte World Tower (el rascacielos más alto del país), o la arquitectura de vanguardia, como el Dongdaemun Design Plaza de Zaha Hadid, que simboliza el enfoque futurista. De otro, barrios como Guryong Village, cerca de Gangnam, con asentamientos precarios y viviendas improvisadas, sin agua potable ni saneamiento moderno, habitados por personas de bajos ingresos, algunas de las cuales recogen botellas y latas para sobrevivir.
5.- Religión
La Constitución de Corea del Sur garantiza la libertad religiosa para todos sus habitantes y este pluralismo es palpable en el día a día. El budismo, con su historia milenaria, coexiste con el cristianismo (protestantes y católicos), si bien la mayoría de la población no profesa ninguna religión.
El cristianismo cuenta con el mayor número de creyentes, mientras que el budismo, sin ser la religión más practicada, ha influido profundamente en la cultura coreana durante siglos.
En la Catedral de Myeongdong (templo católico y sitio histórico de Seúl), muchas de las mujeres que asistían a misa llevaban la cabeza tapada con un velo blanco tipo mantilla de encaje. A la hora del oficio religioso, el templo estaba abarrotado de gente.
6.- Museos y lugares históricos
Pasar un rato en un museo coreano o recorrer sus lugares históricos es una delicia para los sentidos. Las visitas, en su mayoría, son muy baratas o directamente gratuitas.
Así ocurre en los museos Nacional de Corea −con más de 220.000 objetos desde la prehistoria hasta la dinastía Joseon y una puesta en escena espectacular−, del Palacio Nacional, el Memorial de Guerra, el de Arte Moderno y Contemporáneo MMCA, o el Folklórico; o en los Palacios Gyeongbokgung, Changdeokgung y Deoksugung, la majestuosoa Puerta Gwanghwamun, el santuario real de Jongmyo, los pueblos hanok de Bukchon o Namsangol, Templos Jogyesa o Bongeunsa.
7.- Naturaleza
La República de Corea es un país de abundante vegetación. Desde la montaña Hallasan −la más alta, en la isla de Jeju−, hasta el Parque Nacional Bukhansan (a solo 30 minutos del centro de Seúl), el país es un inmenso tapiz verde con numerosas área protegidas. Más del 70% de la superficie es montañosa y los bosques cubren la mitad del territorio con especial protagonismo para especies como pinos coreanos, arces y gingkos.
Lo de los gingkos en Seúl es un espectáculo. Uno de cada 3 árboles de la capital coreana es de esta especie, muy apreciada por su resistencia a la contaminación y su longevidad, dado que pueden vivir siglos. Avenidas como Sejong-daero (cerca de Gyeongbokgung) y Samcheong-ro (en Bukchon Hanok Village) están flanqueadas por hileras de gingkos, creando túneles dorados en otoño. En palacios como Changdeokgung (Jardín Secreto) y templos como Bongeunsa, los gingkos centenarios son parte del paisaje, algunos plantados durante la dinastía Joseon (1392-1897).
Pasear por el restaurado arroyo Cheonggyecheon (un oasis entre rascacielos, al que en broma denominé el Madrid Río coreano), completar el Circuito del Parque Namsan, contemplar la puesta de sol o la ciudad de noche desde la Torre N Seoul o recorrer el Parque del Río Hangang, son actividades muy placenteras.
Como lo es, en grado sumo, recorrer la volcánica Jeju para disfrutar de su impresionante belleza natural a una hora de vuelo desde Seúl. La isla recibe más de 15 millones de visitantes al año, atraídos por su clima subtropical, paisajes únicos y estatus como Patrimonio UNESCO (2007).
Si hablamos de Jeju, es inevitable mencionar a las haenyeo, literalmente «mujeres del mar», conocidas por su práctica tradicional de buceo libre para recolectar mariscos, algas y otros recursos marinos sin equipo de oxígeno.
Estas mujeres, muchas de ellas de edad avanzada, representan una tradición única que combina resiliencia, conexión con la naturaleza y un papel central en la cultura de Jeju, y a cuya práctica centenaria le han dedicado un interesante museo.
8.- Beber y comer
Lo más habitual es que los restaurantes en Corea estén especializados en un tipo de comida y te sirvan muchos platillos diferentes con diversos ingredientes como acompañantes. El kimchi (verduras fermentadas, principalmente col china) es su tapa y tienen hasta un museo, lo que viene a demostrar su importancia cultural. Los palillos, cubiertos y servilletas están en un cajón por debajo de la mesa. Cada local dispone de una carta con una especialidad: un tipo de fideos, barbacoa, bibimbap (arroz mezclado con vegetales) o comida casera y no suelen ofrecer postre.
La cultura BBQ puede ser self service, donde cocinas tú mismo sobre una plancha, o bien los propios camareros van cocinando la carne sobre el grill. El orden para comer BBQ es el siguiente: Normalmente ponen algo de entrantes de forma gratuita, se piden las raciones de carne que se quieran y se come en forma de ssam, esto es, lechugas o verduras de hojas donde poner la carne, un poquito de salsa y arroz, enrollándolo todo para comer de un solo bocado.
Fuera de los restaurantes, probar la comida callejera en el mercado Gwangjang o en la zona comercial de Myeongdong es toda una experiencia. Como lo es también la ‘cultura del Chimek’, palabra que combina “chi” (de chicken, pollo frito coreano) y «mek» (de maekju, cerveza). Se refiere a la popular combinación de crujiente pollo frito coreano con cerveza, un dúo icónico en la cultura gastronómica de Corea del Sur, especialmente en cenas sociales, noches de amigos o mientras se ven deportes. Es un clásico de la comida callejera y su popularidad ha crecido globalmente gracias al K-pop y los dramas coreanos.
Entre las bebidas alcohólicas, destaca el soju, un destilado de arroz o cebada, de hasta 22 grados, barato y típico, que se suele mezclar también con cerveza (somek).
A cada paso hay una cafetería y algunas de las más ‘instagrameables’ del mundo se encuentran aquí.
9.- Limpieza y K-beauty
No hay muchas papeleras en las calles, pero no parecen necesarias dado que no hay suciedad desperdigada. Tampoco se ven pintadas ni pegatinas en las paredes, postes o farolas, ni inscripciones en los baños.
Lo de los váteres coreanos electrónicos con paneles táctiles y funciones como chorros de agua, asientos calefactados y secado por aire, daría para otra entrada. Hay numerosos baños públicos en perfectas condiciones, no siempre en los restaurantes.
Corea también es el paraíso de las cremas. Los productos de maquillaje (sérum, mascarillas, protección solar…) están a la orden del día y es habitual que las tiendas donde venden este tipo de cosmética estén llenas, tanto de nacionales como de turistas en busca de la piel perfecta. Olive Young está muy presente en numerosos puntos de las principales ciudades y hay casi tantas tiendas de salud y belleza de esta firma como establecimientos de la popular cadena 7-Eleven, que ya es decir.
Están obsesionados con que nos les dé el sol, hasta el punto de que hay sombrillas en los pasos de peatones, gente tapada con manguitos en los brazos y pasamontañas para cubrir la cara, además de parasoles y viseras.
10.- Costumbres
El contacto visual entre la gente es prácticamente inexistente. No hay intercambio de miradas y, en caso de existir, se evitan con rapidez. Las parejas de enamorados no muestran afecto públicamente.
La gente no viste con colores llamativos sino de blanco, negro, marrón o gris. Incluso los vehículos son, en su mayoría, de color negro o blanco, y es frecuente que lleven las lunas tintadas. Todo el mundo lleva el móvil en la mano y lo habitual es que tengan las carcasas tuneadas. De los bolsos y mochilas suelen colgar divertidos adornos.
Lecturas
- Pachinko, de la periodista y escritora coreana-americana Min Jin Lee. Novela épica donde se narra la vida de una familia coreana que emigra a Japón durante la ocupación japonesa de Corea (1910-1945). Adaptada también como serie de televisión, sus personajes se ven expuestos al racismo y la discriminación que sufrieron los coreanos en el país nipón. Tanto la novela como la serie, han sido aclamadas mundialmente.
- La vegetariana, de Han Kang, Premio Nobel de Literatura 2024. Explora la psicología, la familia y las normas sociales en Corea del Sur a través de una historia (muy) inquietante y profunda.
- La isla de las mujeres del mar, de Lisa See, autora estadounidense de origen chino especializada en narrativas asiáticas. Es una obra imprescindible para explorar la cultura de Jeju y las haenyeo, las mujeres buceadoras que mencionábamos al hablar de esta isla volcánica. Estas mujeres descienden a pulmón libre hasta 10-20 metros de profundidad para recolectar abulones, pulpos y mariscos, con el fin de sostener a sus familias. Relata la amistad de dos jóvenes haenyeo con una serie de eventos históricos brutales como telón de fondo: la ocupación japonesa (1910-1945), la masacre de Jeju de 1948 (30.000 personas muertas en un genocidio ocultado durante años), la Guerra de Corea y la modernización que amenaza su tradición.
Corea en España
La República de Corea dispone junto a la madrileña plaza de Colón (Paseo de la Castellana, 15) de un Centro Cultural bien interesante (Korean Cultural Center). Se trata de una institución oficial del gobierno para promover la cultura de este país en España a través del arte, la música, el cine, la literatura o las tradiciones.
Un espacio amigable de intercambio cultural con biblioteca, exposiciones, aula de clases, sala de cine, talleres, conciertos y eventos gratuitos o a precio reducido.
A modo de conclusión
Definitivamente, Corea del Sur es un país que ha sabido combinar su rica herencia cultural, con tradiciones como el hanbok (vestido de colores llamativos), el hanok (vivienda tradicional) y el legado del confucianismo, con una modernidad vibrante reflejada en su tecnología punta, los rascacielos o el K-pop.
Esta dualidad se observa muy bien en Seúl, donde antiguos palacios conviven con distritos futuristas. Este equilibrio es el que define, en un primer vistazo, la identidad surcoreana. Sin olvidar, claro está, las disparidades regionales, fuera del pujante dominio económico de Seúl y Busan, y las desigualdades y problemas sociales, incluida la precariedad laboral.
El pasado 21 de septiembre, pudimos ver en Myeongdong una concurrida manifestación de trabajadores migrantes denunciando las condiciones de explotación, discriminación y violencia que sufren.
No es oro todo lo que reluce, tampoco en Corea, por más que esa mezcla de tradición y modernidad nos resulte tan deslumbrante.



















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