DURANTE 25 AÑOS, la madrileña Casa de Campo se convirtió en una especie de «laboratorio de arquitecturas». Un espacio arquitectónico y paisajístico singular que merece ser recordado y puesto en valor dada su potencialidad. El recinto se inauguró en 1950 para acoger la primera Feria Nacional del Campo, un acontecimiento festivo en el Madrid de la época, y su actividad se prolongó cada dos o tres primaveras hasta 1975. 115 de los pabellones han sido catalogados y «rescatados del olvido», solo la mitad de los cuales (61) sobreviven físicamente, en algunos casos con más pena que gloria.
Así nos lo recuerda la exposición Las Ferias del Campo. Paisajes y arquitecturas modernas en la Casa de Campo, abierta al público hasta el próximo 11 de enero en el madrileño Museo ICO (C/ Zorrilla, 3). «A través de un recorrido histórico y artístico, Las Ferias del Campo invita a descubrir un espacio singular en el que confluyen innovación arquitectónica, paisaje y memoria colectiva. La muestra reivindica así el valor de estas arquitecturas, algunas de las cuales fueron reutilizadas, mientras que otras han caído en el olvido o han desaparecido», puede leerse en el folleto de sala.
Comisariada por el arquitecto y profesor José de Coca Leicher, la muestra es una buena forma de reivindicar el valor patrimonial de aquellos modernos pabellones, construidos entre 1950 y 1975, muchos de ellos auténticos hitos de la arquitectura contemporánea española. Puntos de referencia que aún perduran en el lugar, aunque no con el reconocimiento y el brillo que merecen.
Modernidad, regionalismo y experimentación
El recinto ferial, que alcanzó su apogeo en 1965, se convirtió de esta forma en un espacio de experimentación en el que se dieron cita algunos de los pioneros de la arquitectura moderna en España: Francisco de Asís Cabrero y Jaime Ruiz, autores del trazado y de los pabellones principales del recinto, Miguel Fisac, Alejandro de la Sota, José Antonio Corrales o Ramón Vázquez Molezún, entre otros.
La muestra, con más de 300 piezas entre fotografías, planos, maquetas, documentos inéditos y obras de arte, también explora la colaboración entre arquitectos y artistas, responsables de las artes decorativas de los pabellones. Entre ellos, los pintores Carlos Pascual de Lara, Antonio Rodríguez Valdivieso, Antonio Lago Rivera, Amadeo Gabino, Manuel Suárez-Pumariega Molezún o Jesús de la Sota.
Alguno de los pabellones, los de carácter temporal, fueron desmontados tras cada edición, mientras que otros −de inspiración popular− desaparecieron para siempre. Tal es el caso de los que llevaban la firma del daimieleño Miguel Fisac (el de Ciudad Real), Alejandro de la Sota (Pontevedra) o el de Jaén a cargo de José Luis Romay, Casimiro Irribaren y Juan Antonio Guerrero. No fueron las únicas pérdidas. La piqueta también se llevó por delante los de Cádiz, Sevilla, Granada, Castellón, Cuenca, Badajoz, Murcia, Navarra, Palencia, Lugo o A Coruña, y así hasta medio centenar.
1975: el declive definitivo
Tras la muerte de Franco, cuyo régimen utilizó estos espacios como escaparate propagandístico, las Ferias del Campo languidecieron dejando el recinto en un estado de abandono. El hecho de que el Ayuntamiento de Madrid asumiera la propiedad del terreno y ofreciera los pabellones a las casas regionales para su uso no fue suficiente y la consecuencia fue el deterioro progresivo y la desprotección. El paulatino desvío de la actividad ferial hacia la colosal IFEMA, en el distrito de Barajas, hizo inviable la permanencia de algunos de estos pabellones para presentaciones, si bien el recinto actual es la herencia de aquellas ferias.
Preservar el patrimonio
La exposición que nos ocupa hoy, junto al trabajo investigador del profesor De Coca Leicher, continuación de su tesis doctoral, es una buena forma de preservar un testimonio único: la memoria de un trazado paisajístico, relevante por su valor arquitectónico y la modernidad que supuso.
Pero esta iniciativa no se puede quedar e un impulso baldío. Tan valioso legado arquitectónico merece ser recuperado y cuidado para uso contemporáneo. El Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de Madrid −la intervención del Pabellón de los Hexágonos es un buen ejemplo− tienen mucha tarea pendiente en esta “Área de Ordenación Especial”, Bien de Interés Cultural en la categoría de Sitio Histórico en la zona del recinto ferial. Como Paseo Gastronómico en forma de restaurantes, según se viene haciendo, o en el formato que mejor se considere, teniendo en cuenta la peculiar ubicación en un entorno natural. Todo, con tal de salvar los pabellones del derribo.
El propio De Coca Leicher, según leemos en una noticia de la Universidad Politécnica de Madrid, «es asesor del Ayuntamiento en la rehabilitación de pabellones modernos en la Casa de Campo y ha sido redactor de planes estratégicos de la ciudad como el Plan Especial Feria del Campo, Finca de Vista Alegre y la Renovación de la Escena urbana del río Manzanares». La rehabilitación integral del Pabellón de Convenciones, sirva como ejemplo, es una buena medida en la buena dirección.
El caso es que Madrid dispone de una gran oportunidad para revitalizar ese complejo ofreciendo a la ciudad, como sostienen los estudiosos, «un renovado uso cultural, social y de ocio, habida cuenta de su estratégica ubicación entre la Casa de Campo y el nuevo parque Madrid-Río». Que así sea.
Foto: Pabellón de Convenciones, recinto ferial Casa de Campo. Empresa municipal Madrid Destino, Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid.



















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