EGIPTO ES EL destino soñado por millones de viajeros en todo el mundo. ¿Quién no ha fantaseado alguna vez con adentrarse en su ancestral cultura gracias a autores como Christian Jacq, Zahi Hawass, Mika Waltari, Isaac Asimov o Tito Vivas? ¿Quién no ha disfrutado lo indecible viendo películas como Cleopatra, Sinuhé el egipcio, Faraón, El príncipe de Egipto, Exodus: Dioses y Reyes o La momia?
Una visita de una semana como simple turista, por muy ansiado que sea el viaje, no convierte a nadie en experto, como dijimos en otra ocasión. Lejos de conferirnos ese título, es un acercamiento en primera persona a la historia de una civilización tan fascinante, antigua como compleja, que merece cada segundo.
Navegando por el Nilo: el latido de Egipto
Es una de las experiencias estrella del viaje y una forma de desplazarse sumamente placentera, por lo general entre Asuán y Luxor (o viceversa). Todo en Egipto gira en torno al Nilo: es la gran arteria logística para la agricultura y el turismo, además de la única fuente fluvial permanente del país.
Este gigante —el río más largo de África, que cruza once países— es el auténtico motor de la civilización egipcia. De no existir, el país sería por completo una extensión árida del desierto del Sáhara. No en vano, el 95 % de la población se concentra en torno a sus orillas, fuente principal de agua potable, riego y energía hidroeléctrica.
Lo imprescindible: ¿qué no te puedes perder?
- Asuán («la puerta del sur»): Corazón de la cultura nubia. La construcción de la Presa Alta en la década de 1960 cambió la geopolítica del país al controlar las crecidas del Nilo.
Imprescindibles: Los templos de Abu Simbel —el madrileño de Debod procede de esta zona—, Nefertari, Kom Ombo, Filé (Philae) y Edfú; el poblado nubio y la isla de Elefantina.
- Luxor (la antigua Tebas): Un gigantesco museo al aire libre.
Imprescindibles: El complejo de Karnak, los Colosos de Memnón, el Valle de los Reyes y el Templo de Hatshepsut.
- El Cairo: Un fascinante «caos organizado». Tráfico endiablado, laberintos urbanos, polución y bullicio que, pese a todo, te atrapa desde el primer minuto.
Imprescindibles: La meseta de Giza (Pirámides de Keops, Kefrén, Micerinos y la Gran Esfinge); el Barrio Copto (Iglesia Colgante, iglesias de San Sergio y San Baco, San Jorge y la sinagoga de Ben Ezra); la Ciudadela de Saladino y la Mezquita de Alabastro; el zoco histórico de Khan el-Khalili; y Saqqara (la pirámide escalonada, las mastabas de los Nobles, el Museo de Imhotep y la pirámide Roja de Dahshur).
Museos: El nuevo Gran Museo Egipcio (GEM), el histórico Museo Egipcio en la plaza Tahrir y el Museo Nacional de la Civilización Egipcia.
El reverso de la moneda: retos y realidades del viaje
- Masificación turística
El turismo es uno de los pilares económicos de Egipto y se nota el esfuerzo por cuidarlo, con una seguridad visible en los principales enclaves, barcos y hoteles. Sin embargo, el reverso de ser un destino tan demandado es la masificación en horas punta, algo lógico si tenemos en cuenta que hace un año el país recibió a 19 millones de turistas internacionales y aspira a alcanzar los 30 millones. Thomas Cook estaría orgulloso, pero el gentío puede llegar a resultar agobiante.
- La cultura del baksheesh (propinas)
Las propinas forman parte del tejido social y económico del país. Guías, conductores, maleteros o camareros esperan una pequeña dádiva, ya que su salario base suele ser muy bajo. Puede llegar a desconcertar o agotar los primeros días (¡incluso los baños públicos son de pago, unos 50 céntimos!), pero todo fluye mejor cuando te relajas y lo entiendes como una dinámica cultural. El gesto importa a menudo más que la cantidad. Más allá de las propinas, conviene saber que la gente allí es amable y hospitalaria y, por si cabía alguna duda, «no somos mejores que ellos».
- Limosnas y animales
Niños pidiendo: La recomendación general es no dar dinero, ya que suele fomentar la desescolarización o alimenta redes de mendicidad infantil. Eso sí, resistirse a sus sonrisas no siempre es fácil.
Animales callejeros: Verás gatos y perros por todas partes, muchos en situación precaria, lo cual puede encogerte el corazón. Por suerte, las condiciones de tracción de camellos y caballos turísticos han mejorado respecto a años anteriores.
- El temido «mal del faraón»
La regla de oro es evitar cualquier alimento crudo (ensaladas, verduras sin cocinar y fruta cortada) y andar con ojo con el hielo. Conviene incluso usar agua embotellada para lavarse los dientes. Si la gastroenteritis hace acto de presencia, la solución local es el Antinal, un antiséptico intestinal de venta libre muy económico que hace milagros. Eso sí: no lo tomes de manera preventiva, déjalo solo para cuando realmente aparezca el problema.
Viajeros de antes y de ahora
Para disfrutar de Egipto no hace falta ser un experto. No es necesario poseer el bagaje de Giovanni Battista Belzoni (descubridor de la tumba de Seti I), de la escritora Amelia Edwards (pionera en la defensa del patrimonio), del egiptólogo catalán Eduardo Toda, de Howard Carter ni del legendario fotógrafo Harry Burton, quien documentó pacientemente cada fase de la tumba de Tutankamón.
Gracias a ellos y a muchos otros, la Egiptomanía es hoy un fenómeno global. Egipto es un destino exigente, de contrastes extremos y capaz de sacudirte por dentro.
Aun con los madrugones, el calor, el acoso comercial, el tráfico caótico, el bullicio y los pequeños contratiempos… ¡qué afortunados somos quienes, al menos una vez en la vida, hemos podido disfrutar de este viaje de ensueño!
En una primera visita apenas hay tiempo para otros destinos como Alejandría o el Monasterio de Santa Catalina en el Sinaí. Ojalá haya una segunda vez. Inshallah.
Shukran, Egipto.


















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