VIVIR EN EL centro de Madrid, como es mi caso, tiene algunas ventajas y muchos inconvenientes, derivados en gran parte del ocio nocturno. La reciente celebración de las Fiestas del Orgullo Gay ha reeditado un viejo debate imposible de resolver sin conculcar algunos derechos: el de los vecinos al descanso y a su salud, y el de los visitantes a disfrutar de su tiempo libre como mejor les venga en gana. Tengo para mí, antes de entrar en materia, que los vecinos son la parte más débil de este conflicto de intereses y que están condenados a salir perdiendo siempre. Así viene ocurriendo desde hace ya demasiados años.
Queda claro, pues, que soy parte interesada y que, por lo tanto, mi opinión no será ni equidistante ni objetiva. Aún a riesgo de parecer algo carca, o incluso retrógrado, diré que me parece intolerable que los vecinos de Malasaña y Chueca se hayan convertido en rehenes de una situación intolerable ante la pasividad del Ayuntamiento de Madrid que no sabe cómo afrontar y resolver el problema. Su inacción tan sólo ha servido para complicar las cosas y agrandar las molestias vecinales. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y la presidenta regional, Esperanza Aguirre, que viven por la zona, deberían saberlo, al menos como vecinos, si es que como responsables políticos prefieren seguir mirando hacia otro lado.
Sobre lo del Orgullo… vale que es una vez al año y que todos los barrios y pueblos tienen sus fiestas y sus molestias y que las consecuencias negativas suelen ser más o menos inevitables en todas partes. La cuestión es cuando se pretende meter en un espacio físico tan pequeño a cientos de miles de personas poniendo en peligro la integridad física de los asistentes y vecinos al no poder atenderse ninguna emergencia. Me llama también la atención la pasmosa resignación con la que se acepta que muchos residentes se vean obligados a huir del barrio durante una semana para poder descansar. Y no es sólo un problema de ruidos. A la contaminación acústica hay que sumar los orines, las heces, los vómitos, la suciedad… Sí, claro, porque si concentramos a tanta gente en un solo punto de la ciudad y no se adoptan algunas medidas básicas (urinarios, contenedores, controles policiales, etc.) acaba ocurriendo lo inevitable. Vivir en un barrio «marchoso» no presupone que nos veamos obligados a sufrir semejante condena.
Conviene aclarar igualmente que esto no tiene nada que ver con una celebración reivindicativa de unos determinados derechos de las personas. Y digo que no tiene nada que ver porque, en mi opinión, no se puede defender los legítimos derechos civiles de los homosexuales pisoteando los de los vecinos. No estoy en contra, en absoluto, ¡faltaría más!, de que se festeje sino de la desmesura que está alcanzando.
Otro día hablaremos de las consecuencias etílicas del botellón en Centro, un distrito que tiene el dudoso honor de haberse convertido, cuando no es por pitos es por flautas, en el gran estercolero de Madrid. Una gran letrina para mayor gloria de determinados intereses económicos consentidos por el Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid. Es evidente que yo no me siento orgulloso de vivir en el Centro.
Esta mañana, como todas las mañanas, he subido la Gran Vía desde Plaza de España. Se nota que los servicios de limpieza se han empleado a fondo pero dos días después las esquinas apestaban.
Es lógico que una concentración como esta genere basura y ruido (es una fiesta) pero por el olor y las marcas que han quedado en las aceras parece que más de uno confunde la diversión con otra cosa que nada tiene que ver con pasarlo bien.
Gracias Javier por tu comentario. Sí, como vecino del barrio, pienso que la actuación de los servicios de limpieza municipales, SELUR, fue bastante rápida y acorde con la magnitud del estercolero. No protesto por eso. Mi queja tiene más que ver con el hecho de que Chueca no está en condiciones de asumir, por las características del barrio, una fiesta de esa magnitud. Y el Ayuntamiento a verlas venir mientras los vecinos no disponen de los sercicios públicos más elementales como, por ejemplo, polideportivos, bibliotecas, centros para mayores… Y si a todo esto le sumamos el botellón, pues ya te puedes ir haciendo una idea del infierno que supone vivir en esta bendita/maldita zona Centro.
Estimado Felipe. Como he vivido más de veinte años en el Centro, la mayoría de ellos en calles afectadas de manera directa por las fiestas de La Paloma he de decir que, si bien estoy muy de acuerdo en muchas cosas, tampoco es menos cierto que muchos de los vecinos que se quejan son luego los que son propietarios de otros pisos en los que te crujen por las ventas o los alquileres (de esto último doy fe absoluta) con el aliciente de ese ambiente del que luego no paran de quejarse. Un saludo. Germán
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Periodista de larga trayectoria: Antena 3 de Radio, Onda Madrid (RTVM) y la Cadena SER (Radio Madrid), donde estuve 25 años...
Periodista de larga trayectoria: Antena 3 de Radio, Onda Madrid (RTVM) y la Cadena SER (Radio Madrid), donde estuve 25 años. Premio APM 2013 (Asociación de la Prensa de Madrid) al informador especializado en Madrid. Antena de Plata de Radio (2013 y 2000). En 2020 di el salto al «lado oscuro» de la comunicación política e institucional: Secretaría de Estado de Comunicación, Delegación del Gobierno en Madrid, consejero de Información en el Gabinete de la ministra de Política Territorial y Portavoz del Gobierno y, más tarde, en Vivienda y Agenda Urbana.
Bloguero desde 2009 y autor de tres libros: El tamayazo. Crónica de una traición; Hotel Ritz. Un siglo en la historia de Madrid; y de la novela La flor del magnolio. Desde agosto de 2024 −en la «edad del júbilo» ya−, me dedico por completo a la tarea de escribir y a disfrutar del placer de la lectura y el conocimiento.
Bienvenidos a este blog, sin más pretensión que la de reflexionar sobre las cuestiones que me ocupan y preocupan cada día...
Bienvenidos a este blog, sin más pretensión que la de reflexionar sobre las cuestiones que me ocupan y preocupan cada día: periodismo, actualidad política y crónica local de Madrid, además de alguna pincelada sobre mi tierra manchega. Gracias por asomarte a esta plaza pública y, sobre todo, por dejar tus comentarios.
Periodista de larga trayectoria: Antena 3 de Radio, Onda Madrid (RTVM) y la Cadena SER (Radio Madrid), donde estuve 25 años. Premio APM 2013 (Asociación de la Prensa de Madrid) al informador especializado en Madrid. Antena de Plata de Radio (2013 y 2000). En 2020 di el salto al «lado oscuro» de la comunicación política e institucional: Secretaría de Estado de Comunicación, Delegación del Gobierno en Madrid, consejero de Información en el Gabinete de la ministra de Política Territorial y Portavoz del Gobierno y, más tarde, en Vivienda y Agenda Urbana. Bloguero desde 2009 y autor de tres libros: El tamayazo. Crónica de una traición; Hotel Ritz. Un siglo en la historia de Madrid; y de la novela La flor del magnolio. Desde agosto de 2024 −en la «edad del júbilo» ya−, me dedico por completo a la tarea de escribir y a disfrutar del placer de la lectura y el conocimiento.
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Esta mañana, como todas las mañanas, he subido la Gran Vía desde Plaza de España. Se nota que los servicios de limpieza se han empleado a fondo pero dos días después las esquinas apestaban.
Es lógico que una concentración como esta genere basura y ruido (es una fiesta) pero por el olor y las marcas que han quedado en las aceras parece que más de uno confunde la diversión con otra cosa que nada tiene que ver con pasarlo bien.
Gracias Javier por tu comentario. Sí, como vecino del barrio, pienso que la actuación de los servicios de limpieza municipales, SELUR, fue bastante rápida y acorde con la magnitud del estercolero. No protesto por eso. Mi queja tiene más que ver con el hecho de que Chueca no está en condiciones de asumir, por las características del barrio, una fiesta de esa magnitud. Y el Ayuntamiento a verlas venir mientras los vecinos no disponen de los sercicios públicos más elementales como, por ejemplo, polideportivos, bibliotecas, centros para mayores… Y si a todo esto le sumamos el botellón, pues ya te puedes ir haciendo una idea del infierno que supone vivir en esta bendita/maldita zona Centro.
Estimado Felipe. Como he vivido más de veinte años en el Centro, la mayoría de ellos en calles afectadas de manera directa por las fiestas de La Paloma he de decir que, si bien estoy muy de acuerdo en muchas cosas, tampoco es menos cierto que muchos de los vecinos que se quejan son luego los que son propietarios de otros pisos en los que te crujen por las ventas o los alquileres (de esto último doy fe absoluta) con el aliciente de ese ambiente del que luego no paran de quejarse. Un saludo. Germán
Hola Germán. Sí, me parece muy atinado tu comentario. Pícaros los hay en todos lados. Hay gente pa´tó, que diría el otro. Un abrazo, amigo.