HASTA EL PRÓXIMO domingo, día 29, se puede visitar en el Espacio Jovellanos de Madrid (Jovellanos 6, entre el Congreso de los Diputados y el Teatro de la Zarzuela) una exposición que lleva la firma de dos artistas inmensas: La pintora Anka Moldovan (Cluj-Napoca, Rumanía, 1976) y la poeta Ana Blandiana (Timișoara, Rumanía, 1942), premio Princesa de Asturias de las Letras 2024.
El proyecto es fruto de la colaboración entre ambas para la edición de un libro de la editorial (de libros bellos) La Cama Sol, recientemente publicado. Moldovan se inspira en los textos de Blandiana y los toma prestados para componer, sobre madera de tilo −utilizada tradicionalmente para la elaboración de los iconos bizantinos−, «un universo de sombras suaves, en el que el ser se disuelve sin arrepentirse».
A partir de ahí, una vez que te adentras en el poema que da título a la exposición −Nuestro lugar / está en algún lugar más lejano, / o, tal vez, ha pasado / y no lo hemos reconocido−, el espectador se ve atrapado en un «universo onírico de silencios y aire». Un mundo donde se nos interpela sobre la existencia del ser humano. En soledad, en sociedad e interaccionando con la naturaleza, tan importante en la vida y en la obra de Moldovan, con Asturias como escenario de profunda conexión. Tanto, como las vidas interiores de las personas.
Acercarse a la obra de la artista hispano-rumana −pintura tenue, paisajes neblinosos, figuras a menudo difuminadas, espacios atemporales y brumosos− nos reconcilia con algunas de las cosas más bellas y emocionales de nuestra existencia. Un camino de exploración donde el factor humano nunca se pierde de vista.
El diálogo de Moldovan con Blandiana, creando óleos que interpretan visualmente los versos de la poetisa y ensayista, resulta fluido y natural. Un maridaje en busca de la pureza y la hermosura, que conecta pintura y poesía en un universo de sombras suaves y figuras evanescentes.
Definitivamente, el lugar de estas dos artistas −luz, silencio, belleza−, es el nuestro también.
BLANCO SOBRE BLANCO (A. Blandiana)
Escribo blanco sobre blanco
aunque sé que nadie
lo podrá leer,
ni si quiera yo,
después de olvidar lo que he escrito.
El bien es siempre
difícil de entender;
es más fácil aceptar un engaño
en el paraíso
que un noble sacrificio humano.
Me empeño en escribir
blanco sobre blanco,
aunque me dicen
que por lo menos utilice
letras brillantes
cuando dibujo ramas de olivo
o aburridas
buenas obras.
Pero
aquí y ahora
no tengo más que un color
que pueda contenerlos todos
y escribo blanco sobre blanco
en vano.

Blanco sobre blanco. 16×23 cm. Óleo sobre madera de tilo. (A. Moldovan)



















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