UNA VISITA AL Castillo de origen templario de Ponferrada me puso sobre la pista de un bello texto que, al instante, captó mi atención. En la cartelería de una de las dos salas de la exposición permanente Templum Libri, en la dedicada a Ciencias y Humanidades, entre preciosos facsímiles de manuscritos y códices, destaca una descripción sobre «La pasión del libro», que nos remite al ¿Quid est liber? del Codex Miscellaneus.
El manuscrito, en pergamino y con letra visigótica a dos tintas de este antiguo y valioso documento −¿texto anónimo del siglo XI?−, se conserva en la Biblioteca de Castilla-La Mancha, en la planta superior del Alcázar de Toledo, y es su ejemplar más antiguo. La obra se puede consultar en línea en este enlace de la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, gestionada por la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria del Ministerio de Cultura.
El texto, un breve tratado o reflexión, aborda la definición y el valor del libro como objeto cultural y vehículo de conocimiento. En una época donde los libros eran raros y su producción laboriosa, ¿Quid est liber? subraya la importancia del libro no solo como un contenedor de palabras, sino como un símbolo de sabiduría, sin olvidar su valor cuasi sagrado en contextos monásticos.
Y no sólo eso, este tipo de documentos son de una enorme utilidad para preservar la memoria, enseñar y trascender el tiempo. Los códices eran usados por clérigos, monjes o estudiosos para el estudio, la liturgia o la enseñanza.
Lo que nos dice el códice misceláneo toledano
El libro es luz del corazón; Espejo del cuerpo; Confusión de los vicios; Corona de prudentes; Diadema de sabios; Honra de doctores; Vaso de sabiduría; Compañero de viaje; Criado fiel; Huerto lleno de frutos; Revelador de arcanos; Aclarador de oscuridades; Preguntado responde, y mandado anda deprisa, llamado acude presto, y obedece con facilidad. Fin.
Liber est lumen cordis; Speculum corporis; Uictiorum confussio; Corona prudentium; iadema sapientium; Honorificentia doctorum; Uas plenum sapientia; Socius itineris; Domesticus fidelis; Hortus plenus fructibus; Archana reuelans; Obscura clarificans; Rogatus respondet, Iussusque festinat, Uocatur properat Et faciliter obediens. Explicit.
Supuesta falsificación
Sobre el libro manuscrito medieval hay, además, una detallada e interesante entrada en el blog de la Biblioteca Nacional de España (BNE), donde explican que era «costoso de elaborar, pudiendo llegar a constituir una mercancía de lujo y prestigio».
El códice toledano tiene también su punto de intriga ya que −se nos dice−, sus 32 folios de pergamino son «reaprovechados de códices antiguos», y «constituiría una supuesta falsificación en minúscula visigótica llevada a cabo por un virtuoso calígrafo dieciochesco: Francisco Santiago Palomares», puntualizan desde la BNE.
¿Qué es un códice misceláneo?
Texto original o ‘refrito’ de códices antiguos, el Codex Miscellaneus es un término que se aplica a aquellos manuscritos medievales que son colecciones misceláneas: recopilaciones de textos diversos en un solo volumen. El término miscellaneus, de hecho, proviene del latín y significa «mezcla» o «variado».
Un códice misceláneo es, por tanto, un manuscrito que reúne textos de diferentes géneros, autores o temas, a menudo sin un orden temático estricto, de interés para una comunidad religiosa o intelectual. Eran comunes en la Edad Media, especialmente entre los siglos X y XIII, y podían incluir desde tratados teológicos, textos litúrgicos, poesía, fragmentos históricos, hasta escritos filosóficos o científicos. Su propósito solía ser práctico: preservar y transmitir conocimiento en un solo volumen, especialmente en monasterios, catedrales o bibliotecas donde los recursos para producir libros eran limitados.
Ventana al mundo medieval
Estos códices, asociados con la Europa medieval, reflejan el contexto cultural e intelectual de su tiempo, mostrando los intereses de las comunidades que los producían o usaban como herramienta, también de aprendizaje o espiritualidad. En muchos casos, son valiosos no solo por su contenido, sino también por lo que revelan sobre la escritura, la encuadernación y las prácticas de copia de la época.
En el documento que nos ocupa, con reflexiones sobre la naturaleza del libro, su contenido aparece junto a otros textos como fragmentos de la Danza de la muerte, Historias romanas (relatos históricos sobre figuras como Numa Pompilio), Carmen de ponderibus et mensuris (poema sobre pesos y medidas), o el De quinque clavibus sapientie liber (sobre las cinco claves de la sabiduría). Textos, en definitiva, que vienen a demostrar la diversidad de intereses de los copistas en sus scriptorium medievales, la sala próxima a la biblioteca monacal destinada a la elaboración de los códices.
Libros libres
El Codex Miscellaneus, y la celebración del Día del Libro en este 23 de abril, nos ha servido de ‘excusa’, si es que hiciera falta alguna, para destacar la importancia del libro. Como depositario de conocimientos y portador de nuestra herencia cultural e intelectual, además de ser uno de los «inventos» más notables que ha creado el ser humano.
La palabra libro proviene del latín «liber» −originalmente «parte interior de la corteza de una árbol», materia prima usada como soporte para la escritura−. De su raíz también se desprende el vocablo libertad («libertas»). Toda una alegoría del libro conectado con la Madre Tierra −humanidad y naturaleza−, además de un espacio ideal donde lector y escritor pueden encontrarse para ser libres.
Una preciosa herramienta, a modo de conclusión, para ayudarnos a ser quien nos gustaría ser, para aprender, imaginar y soñar. Un maravilloso artefacto para viajar sin movernos, ponernos en la piel de los otros, transmitir conocimiento, difundir ideas y compartir emociones.
Larga vida al libro.



















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