LA ARROLLADORA VICTORIA electoral de Donald Trump en Estados Unidos nos deja múltiples lecturas a cual más inquietante. Un triunfo legítimo, así lo han decidido millones de estadounidenses, archianalizado por expertos, también por quienes estrictamente no lo somos, no en vano el liderazgo político del reincidente (y condenado) inquilino de la Casa Blanca se dejará sentir en todos los rincones del planeta y a todos acabará afectando en mayor o menor medida. Desde este punto de vista, han sido unas elecciones globales, con independencia de que la victoria hubiera recaído en Kamala Harris.
Fake news
En lo que a nosotros respecta, nos detendremos en el análisis de la desinformación por entender que ha sido uno de los elementos determinantes en el resultado, aunque no el único, claro. Algunos pensábamos, erróneamente, visto lo visto, que la democracia estadounidense sería más fuerte que Trump y sus valedores. Su agresivo discurso, racista, xenófobo y en contra de los derechos de las mujeres, ha sido premiado en las urnas, demostrando así, por si cabía alguna duda, que las exageraciones, las simplificaciones y los bulos funcionan en política.
El aumento alarmante de la desinformación, con acusaciones falsas y teorías conspirativas, con barra libre en redes sociales, sobre todo, X o Tik Tok, han catapultado a destajo contenido engañoso con la clara intención política de favorecer a una candidatura y perjudicar a la otra. “Elon Musk nos ha ganado”, ha resumido con acierto Jordi Juan, director de La Vanguardia. Ricos y excéntricos, que van de la mano, amigos y socios para siempre.
La ausencia de controles y mecanismos de verificación, tan escasos como útiles en estas circunstancias, pese al esfuerzo de algunos medios por desenmascarar tanto bulo como hay por doquier −lo estamos viendo tras el trágico paso de la DANA en Valencia, sin ir más lejos−; y el auge de la inteligencia artificial, accesible para cualquiera, hacen que la desinformación haya navegado «a sus anchas sobre las presidenciales estadounidenses», como certeramente relata la periodista y socióloga Manuela Cano en France 24.
Todo esto, no hace sino aventar digital e instantáneamente una desinformación que, admitámoslo, bebe directamente un malestar social real. En este caso, el descontento de una amplia capa de la sociedad estadounidense (trabajadores y rentas bajas) por las subidas de precios y la inmigración masiva han allanado el camino del populismo. “Trump capitaliza el descontento de la clase trabajadora por la inflación y la inmigración”, ha escrito Miguel Jiménez, corresponsal jefe de El País en Estados Unidos.
¿A quién importa ya la falsa acusación de “migrantes comiendo mascotas”, o las inventadas imágenes de Kamala Harris de trabajando en un McDonald’s o vestida con trajes comunistas, o la difusión sin pruebas de un supuesto fraude electoral sobre el sistema votación? Meses antes de la cita en las urnas, José Luis Sastre habló en la SER de “ese punto en el que la mentira vale tanto o más que la verdad”. Visto lo visto, en ese punto estamos, sí.
Consecuencias
Si nos atenemos a lo manifestado durante la campaña, la victoria del republicano puede suponer el fortalecimiento de Rusia, en detrimento de la invadida Ucrania y de la ayuda militar que ha venido recibiendo, además de generar un factor de incertidumbre sobre el futuro de la OTAN; un incremento del apoyo a Israel, con lo que esto supone para el futuro de la devastada Gaza y en todo Oriente Próximo; el debilitamiento de los organismos multilaterales defensores de la paz en el mundo; la “deportación masiva” de millones de personas de EEUU, aunque lleven viviendo muchos años en el país; la imposición de aranceles a aliados comerciales como la UE; el impulso del nacionalismo cristiano blanco; la misoginia y el menoscabo de los derechos de las mujeres…
Pésima noticia, también en Europa
Opino que el triunfo del trumpismo es una mala noticia, horrible, entre otras cosas porque allana el camino para que sus imitadores, envalentonados ya, ocupen más espacio. La derecha radical, eufórica por haber asestado un duro golpe a la que ellos denominan “izquierda woke” en Estados Unidos, ha reconvertido a Trump en un gran referente político global.
Su holgada e inapelable victoria llega, además, en pleno auge de la ultraderecha y los populismos en diferentes países de nuestro entorno y en el seno de la propia UE, un poco más sola desde ahora. Una circunstancia no menor, dado que el triunfo del imprevisible magnate puede alimentar la ola extremista en el espacio europeo, que, no lo olvidemos, comparte el paraguas de seguridad de la OTAN con EEUU.
Sombrío panorama
No es una cuestión de sesgos o de filias y fobias, como pudiera pensarse, o no solo. Tampoco digo que digo que Kamala Harris sea una santa e inmaculada lideresa. Pero me parece evidente, y por eso es tan peligroso el regreso al poder de Trump, porque legitima una forma hacer política basada en la mentira, el odio y el resentimiento.
El horizonte que se divisa −propaganda, miedo, revancha y mentiras−, no pude ser más sombrío. Gana Trump, ganan las fake news, la poderosa maquinaria de los bulos y la antipolítica (Editorial de El País).
A la espera del certificado de defunción, los hechos y los datos han muerto. La verdad ha dejado de importar.
Foto: Imagen de archivo (4 de octubre de 2018) vista en el enlace para el artículo de arriba de France 24. Un partidario de Trump sostiene una camiseta en la que se lee ‘You Are Fake News’ antes de un mitin del presidente Trump en Rochester, Minnesota. © Jim Mone / AP


















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