El apagón eléctrico generalizado de las últimas horas ha colocado a la radio como un auténtico salvavidas informativo. Sin televisión, ni internet, ni redes sociales durante horas, la radio a pilas de toda la vida emergió ayer como servicio público tras haber conseguido esquivar el colapso peninsular.
En cualquier circunstancia, pero más en este difícil trance, la radio ha sido el único medio que no ha perdido la conexión con la gente, ávida de escuchar noticias mediante los transistores sobre el alcance de este “cero energético nacional”.
Pilar informativo
La foto de muchos paseantes agrupados en círculo en torno a los aparatos de radio, que de forma generosa algunos vecinos sacaron a la calle, o la escucha desde los vehículos, tal vez sea la mejor imagen de este medio, de nuevo imbatible. Ayer, con la caída de la red eléctrica y la interrupción de los servicios digitales durante horas, las recomendaciones de seguridad y la información solo pudo ser transmitida mediante las ondas, como en algún otro momento histórico en España, donde la radio analógica también fue un pilar informativo. No es de extrañar que en muchas tiendas y bazares se agotaran los transistores y las pilas.
Lo que en un primer instante deseábamos que fuera un fallo puntual del suministro eléctrico se prolongó hasta la exasperación durante largas horas, dando pábulo a todo tipo de especulaciones en plena crisis geopolítica global. Y la palabra ciberataque sobrevoló en las conversaciones ante la imposibilidad de recibir comunicaciones oficiales. Cabe imaginar que, también en este aspecto, el Gobierno tomará nota, sacará sus conclusiones sobre la importancia de la conexión en momentos de aislamiento y adoptará las medidas que correspondan. Lo ocurrido no puede volver a pasar en un país tan avanzado, desde todos los puntos de vista, como España.
Historias personales
Hasta la llegada de forma progresiva de la luz, las desesperadas caminatas de la gente ante la falta de transporte público, los viajeros abandonados a su suerte, los semáforos apagados, la angustiosa falta de comunicación con familiares y amigos para acordar cosas básicas y cotidianas, las operaciones quirúrgicas y la atención sanitaria afectadas, los pagos electrónicos bloqueados, con los ascensores fuera de servicio y los frigoríficos de los hogares y de la hostelería descongelándose, la búsqueda de pilas y velas… todo eso, junto a las millones de historias personales vividas, nos devolvió de bruces a la era analógica.
Sabíamos que no éramos nada sin la electricidad y que dependemos de ella para todo, pero esta vulnerabilidad de servicios básicos inutilizados, agendas rotas y planes trastocados, nos ha pillado con el paso cambiado. A la espera de conocer las causas de este apagón histórico, una de las principales conclusiones es que no es ni medio normal que el Gobierno tarde tanto en informar a la población, o que no existan los canales adecuados para hacerlo en caso de urgencia o emergencia, y la de ayer lo era. La ausencia de información, ya se sabe, es terreno abonado para el desconcierto y la angustia de la población, cuando no de los bulos y la desinformación para los más desalmados.
Viva la radio
Por quedarnos con lo bueno de esta crisis de electricidad: la reacción sosegada, en muchos casos solidaria de la gente, la de los servidores públicos, y la radio. Cuando todo falla, la radio siempre está ahí con su capacidad para “vertebrar” a la sociedad en circunstancias adversas como este apagón eléctrico masivo.
La radio, con su sencilla tecnología a pilas, y sus profesionales −periodistas y técnicos− siempre al pie del cañón, nos hicieron más llevadero el día más oscuro. En tiempos de urgencia y emergencia, la radio nos salva. Bendita radio.
(Foto: RTVE Noticias. Blanca Millez)



















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