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El primer queso manchego de la historia

por | 30 Jun 2025 | Cultura, Historia | 0 Comentarios

LA PREPARACIÓN DE un trabajo de fin de curso para la asignatura de Historia en la Universidad de Mayores del CDL, me ha permitido profundizar en un aspecto del que casi nada sabía y que ahora me permito compartir: la elaboración de queso en la prehistoria. El trabajo en cuestión estaba centrado en la Motilla del Azuer y el conocido como Bronce Manchego, la Cultura de las Motillas, en definitiva, periodo en el que la fabricación de este derivado lácteo estaba a la orden del día, según coinciden los expertos.

Queso desde el Neolítico

Los orígenes de este producto no se han datado con exactitud, pero, con independencia de las discusiones académicas al respecto, se sabe que, al menos en la península ibérica, este alimento ya se venía produciendo desde la revolución neolítica, hace unos 6.000-7.000 años. Incluso antes, al norte de Europa, en Polonia, según un estudio publicado en 2012.

En nuestro país, los primeros vestigios de actividad ganadera y láctea se sitúan en yacimientos como la Cueva de Chaves (Huesca), destruida de manera ilegal en 2007, una joya neolítica convertida en un abrevadero de cabras; o la Cueva de los Murciélagos (Zuheros, Córdoba),  donde se han hallado restos de recipientes con residuos de productos lácteos.

Producción láctea en La Mancha

En lo que se refiere a la Motilla del Azuer (Daimiel, Ciudad Real) −uno de esos lugares que hay que visitar, al menos, una vez en la vida−, se han encontrado múltiples ejemplares de «queseras». Estos hallazgos sugieren que la producción láctea, probablemente a partir de leche de ovejas, cabras o vacas criadas en la zona, era un aspecto clave de su economía.

Las queseras halladas en este yacimiento manchego son vasijas de cerámica perforadas utilizadas para la producción de queso, según su funcionalidad más aceptada por los expertos. Estas piezas, datadas entre el 2200 y el 1500 a.C., son recipientes hechos a mano con paredes agujereadas. Se supone que funcionaban como coladores, permitiendo separar el suero de la leche durante el proceso de cuajado.

Técnica y diseño

Los agujeros de las queseras manchegas −redondeados o cuadrangulares−, sugieren el conocimiento de una técnica bien establecida. Este método no solo refleja el ingenio de aquellos pobladores prehistóricos, sino que también conecta con la dilatada herencia quesera de La Mancha. Su diseño simple pero funcional refleja el conocimiento práctico de los habitantes del Bronce sobre la transformación de productos lácteos.

Muchas queseras se encontraron rotas o reutilizadas como material de relleno en las murallas, lo que sugiere que eran producidas regularmente y no consideradas objetos de gran valor simbólico.

La abundancia de estas piezas en áreas domésticas sugiere que eran herramientas accesibles, no reservadas para una élite, a diferencia del acceso al pozo, probablemente más controlado.

Ingenio y cooperación

La funcionalidad más aceptada de estas queseras es la de participar en la elaboración del queso o requesón, sin poder precisar en qué fase del proceso fueron empleadas, es decir, si se utilizaron para separar la pasta del suero o en el prensado y moldeado de la pasta.

Las de la Motilla del Azuer son un buen ejemplo de cómo objetos simples pueden revelar mucho sobre una sociedad. Su diseño perforado, integrado en la vida diaria, conecta directamente con la economía de subsistencia de la motilla, apoyada por el pozo (para el consumo y el riego) y los silos (para grano).

Mientras el pozo representaba un logro colectivo de ingeniería, y los objetos como dagas de cobre señalaban estatus, las queseras formaban una parte medular del trabajo cotidiano, transformando recursos crudos en alimentos duraderos.

Lo que nos cuentan estos materiales cerámicos es la historia de una comunidad resiliente, adaptada a un entorno árido mediante el ingenio y la cooperación. La producción de estas vasijas (modelar arcilla, perforar, cocer) y su uso en la elaboración de alimentos reflejan la colaboración comunitaria, similar a la necesaria para mantener el pozo o construir las murallas.

Queseras del Bronce

Algunas de estas curiosas piezas están expuestas en el Museo de Ciudad Real, donde pueden ser contempladas durante todo el año, o en el Museo Comarcal de Daimiel, el punto de partida para la visita a la Motilla del Azuer. La Asociación de Amigos del Museo de Ciudad Real difundió en 2021 un vídeo con las explicaciones de Miguel Torres Mas, arqueólogo y director del yacimiento daimieleño.

En 2002, además, el Portal de Cultura de Castilla-La Mancha, destacó la relevancia de estas vasijas, según informó Lanza Digital. En el Museo Arqueológico Nacional (MAN) también se exponen otras queseras, procedentes en este caso, de la localidad soriana de Montuenga de Soria (Comarca de Arcos de Jalón), con doble apertura en boca y fondo. Y en el Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid (MARPA) disponen de otra de estas piezas, originaria del paraje despoblado de Gózquez de Arriba (San Martín de la Vega).

Tradición quesera manchega

Estudios recientes han intentado analizar residuos en queseras de motillas para confirmar la presencia de lácteos, pero los resultados no son concluyentes debido a la degradación de materiales orgánicos tras miles de años. Sin embargo, análisis paralelos en otras culturas del Mediterráneo (como en Cerdeña o el Próximo Oriente) apoyan la hipótesis del uso para queso.

El descubrimiento de las queseras en la Motilla del Azuer evidencia que la elaboración de queso era una actividad significativa en esta comunidad prehistórica. Y no solo eso: estas encellas son especialmente relevantes porque demuestran una continuidad en la tradición quesera manchega que se remonta a más de 4.000 años.

Cuando en nuestros días degustamos el apreciado Queso Manchego, con su Denominación de Origen Protegida (DOP) −renombrado símbolo de la cultura manchega−, conviene recordar que estamos ante una evolución, 40 siglos después, de aquellos humildes ‘quesos’ de nuestros antepasados. O, si se prefiere, de la transformación de la leche para obtener un producto que con el tiempo derivó en el queso que hoy conocemos y apreciamos.

Las queseras son una ‘excusa’, una más, si es que hiciera falta alguna, para recomendar vivamente la visita a la Motilla del Azuer, una excepcional joya arqueológica, un hito por tantos motivos, también por ser la ‘cuna’ de nuestro afamado queso manchego.

(Foto: Queseras de la Motilla del Azuer, en Daimiel. Museo de Ciudad Real. Portal de Cultura de C-LM)

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