Desde el pasado 15 de agosto se puede volver a ver en el Museo de Historia de Madrid (MHM) la maqueta histórica que el ingeniero militar León Gil de Palacio realizó en 1830 por encargo de Fernando VII. Se trata de una pieza excepcional que ha sido sometida a un delicado proceso de restauración.
Lo hace, además, en una nueva ubicación, en la flamante Sala de Cartografía y Maquetas, que también ha sido adecuada para su mejor exhibición, tras una inversión de casi 90.000 euros por parte del Ayuntamiento de la capital. Un dinero bien empleado, no en vano estamos hablando de uno de los documentos cartográficos más valiosos del Madrid de la época.
Joya cartográfica
Si cualquier ‘excusa’ es buena para visitar el MHM (Calle Fuencarral, 78), el reclamo de poder contemplar cómo luce esta pieza, una de las más importantes del museo, tras su lavado de cara, es una ocasión inmejorable.
Algo menos de dos años tardaron Gil de Palacio y sus ayudantes en ejecutar esta reproducción a escala, una de las más antiguas de Europa, que tanto nos asombra por sus grandes dimensiones y extremada precisión. Eso no quita para que los autores se tomaran algunas licencias artísticas como la idealización de algunos edificios o la simplificación de ciertas calles secundarias. Esto se debe a que el ingeniero combinó levantamientos topográficos con observaciones visuales, no siempre exhaustivas en zonas menos relevantes.
Lo importante es que historiadores, urbanistas, docentes y estudiantes, o quienes simplemente mantengan viva la curiosidad por ampliar conocimientos sobre el Madrid de la época, disponen aquí de una fuente casi inagotable de curiosidades y detalles.
Un Modelo de Madrid en tres dimensiones −con la representación por vez primera de los espacios libres del interior de las manzanas y la altimetría de la Villa y Corte−, que constituye una fuente primordial para conocer la geografía histórica de la ciudad.
Adiós a la Cerca
Una ciudad, recordemos, encerrada todavía en la “Cerca de Felipe IV” (1625), una muralla o tapia fiscal y de vigilancia de 13 kilómetros de longitud, con sus cinco puertas principales (Segovia, Toledo, Atocha, Alcalá y Bilbao) y los 14 portillos, cuyo derribo en 1868 dio lugar al conocido como Ensanche de la capital (Plan Carlos María de Castro de 1860) y a la creación de barrios como Salamanca, Chamberí o Argüelles. En el número 91 de la Ronda de Segovia y en la Cuesta de las Descargas (Parque de la Cornisa) se puede ver algún fragmento o restos de aquel muro, cuyo proyecto inicial fue encomendado al arquitecto Juan Gómez de Mora.
Nivel de detalle
La maqueta de Gil de Palacio incluye más de 20.000 edificios individuales, desde humildes corralas hasta monumentos como el Palacio Real, la Puerta de Alcalá (acabada en 1778) o el Real Monasterio de la Encarnación. Con cabida incluso para la representación de huertos, arboledas y los viajes de agua, los canales subterráneos que abastecían la ciudad en cuyos proyectos, al parecer, trabajó el propio ingeniero y arquitecto.
Y se complementa muy bien con el también célebre Plano de Texeira (1656), expuesto en el MHM. Mientras que el plano ofrece una vista bidimensional del Madrid del siglo XVII, la maqueta de Gil de Palacio da una perspectiva tridimensional del Madrid de 1830, mostrando la evolución urbana en casi dos siglos.
El histórico modelo sobrevivió a varios traslados y al inevitable deterioro por el paso del tiempo. Durante la Guerra Civil permaneció protegida en los sótanos del museo, lo que evitó su destrucción. Y no es esta la única vez que ha sido renovada: En 2006, se restauró minuciosamente para reparar grietas y recuperar los colores originales.
Escala, dimensiones y materiales
La maqueta está hecha a escala 1:816, lo que permite representar los 13 km² de Madrid en una superficie manejable. Mide aproximadamente 5,2 metros de largo por 3,2 metros de ancho, y abarca desde el Palacio Real hasta el Retiro y desde la Puerta de Toledo hasta las afueras del actual Distrito de Chamberí.
Está elaborada en madera de caoba para las edificaciones y cartón piedra para el terreno, con detalles pintados a mano para simular tejados, calles y vegetación. Los edificios destacados, como iglesias o palacios, tienen un nivel de detalle excepcional, con ventanas y ornamentos esculpidos.
Más sobre el autor
León Gil de Palacio (1788-1849) nació en Cáceres en una familia de clase media y su interés por las ciencias lo llevó a formarse como ingeniero militar. Ingresó en la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, en Madrid, y en la Academia de Ingenieros Militares de Alcalá de Henares.
Su educación combinó arquitectura, ingeniería y topografía, disciplinas esenciales para sus trabajos posteriores. Durante las guerras napoleónicas (1808-1814), sirvió como ingeniero militar, lo que le dio experiencia en cartografía y planificación urbana. Su carrera se desarrolló bajo el reinado absolutista de Fernando VII, aunque también colaboró en iniciativas tempranas de modernización urbana que anticiparon el liberalismo del siglo XIX.
La maqueta tenía como objetivo documentar el estado de Madrid antes de las transformaciones urbanísticas decimonónicas. Era tanto un proyecto artístico como una herramienta técnica para planificar mejoras en la ciudad, encorsetada por la Cerca. Gil de Palacio realizó levantamientos topográficos a pie, acompañado de dibujantes y topógrafos, y se dice que el rey inspeccionó personalmente el progreso de la obra, lo que refleja su importancia política.
Durante su vida, Gil de Palacio no obtuvo un gran fama ni, de lejos, su figura es tan conocida como otros arquitectos de la época, como Juan de Villanueva (supervisor de la Puerta de Alcalá y autor del actual Museo del Prado, el Jardín Botánico o el Casón del Buen Retiro). Pero su admirable maqueta, su principal obra, se convirtió en un tesoro histórico tras su muerte, redescubriéndose ya en el siglo XX como una fuente de estudio clave para historiadores, urbanistas y escritores.
Un puente, en definitiva, entre el Madrid barroco −representado en el Plano de Texeira− y el Madrid moderno del Ensanche, donde se nos muestra la ciudad en el ocaso del Antiguo Régimen con su tejido urbano aún medieval.
Asignaturas municipales pendientes
Decíamos al principio que hace bien el Ayuntamiento restaurando la maqueta y adecuando el espacio para su exhibición. Si bien, como no somos muy dados al lanzamiento de flores al Palacio de Cibeles, dejaremos apuntados, al menos, dos aspectos donde los gestores municipales necesitan mejorar.
Hablamos del lamentable estado de conservación del lienzo de muralla cristiana de la calle Escalinata (siglos XI y XII), cuyo deterioro y abandono no parece importar demasiado; y también del escaso interés y cariño que se ha puesto en la promoción de la buena exposición temporal Madrid entre libros sobre la figura de Mesonero Romanos para conmemorar los 150 años de la creación de la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid (hasta el 14 de septiembre).
(Foto de la maqueta: Ayuntamiento de Madrid)



















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