1.- ¿Quién fue en realidad san Isidro?
Se llamaba Isidro de Merlo y Quintana y era un humilde labrador y zahorí mozárabe, conocido por su vida piadosa y los numerosos milagros que se le atribuyen, sobre todo a partir de su canonización en el siglo XVII. Fue un personaje histórico real que nació en Madrid hacia 1082, bajo dominio musulmán entonces, donde falleció en 1172.
Su existencia está documentada en fuentes eclesiásticas y tradiciones madrileñas, aunque muchos detalles de su vida han sido enriquecidos por la hagiografía. Estuvo al servicio de un rico hacendado, Juan (o Iván) de Vargas, uno de los linajes más influyentes del Madrid antiguo. Como los Ramírez, Luján, Gato, Zapata, Barrionuevo, Lasso de la Vega o Luzón, los Vargas pertenecía a una familia de caballeros guerreros que recibieron tierras en pago por sus servicios a Alfonso VI ‘el Bravo’ tras la toma de Madrid. Se dice que su casa estaba situada en la actual calle de las Aguas (Arrabal de San Andrés), fuera de la muralla musulmana, junto a la Carrera de San Francisco.
Hacia 1109 abandona la villa, después del intento de reconquista almorávide tras morir Alfonso VI, y se «exilia» en Torrelaguna como refugiado. Allí contrae matrimonio con María Toribia, conocida en el santoral cristiano como santa María de la Cabeza. Algunas fuentes sitúan allí el nacimiento de Yllán, su único hijo, elevado también a los altares. Después, vuelve a la villa de Madrid donde, según algunas tradiciones, se sitúa su muerte hacia 1130 y no en 1172, como sostiene la mayoría de las fuentes históricas. Sus restos mortales reposaron inicialmente en el cementerio cercano a la iglesia de S. Andrés.
2.- ¿Desde cuándo se celebra la festividad del patrón de Madrid?
La festividad de san Isidro el 15 de mayo se celebra oficialmente desde su canonización en el siglo XVII, si bien los primeros registros de culto se remontan a finales del XII, poco después de su muerte.
Fue canonizado en 1622 por el papa Gregorio XV y su cuerpo se conserva en la Colegiata de San Isidro, catedral provisional de Madrid hasta 1993.
3.- ¿Cuáles son las principales celebraciones? ¿Lo de la Pradera de dónde viene?
Además de los actos religiosos en la Real Colegiata de San Isidro, miles de madrileños y visitantes se dan cita en la Ermita del Santo para beber agua del «manantial milagroso» y participar en una romería y verbena popular en la Pradera (Carabanchel), en tierras que fueron de los Vargas.
La veneración al manantial llevó a la construcción de una ermita dedicada a san Isidro en 1528 −financiada por la familia Vargas−, junto a la Fuente, que consolidó la Pradera como un lugar de peregrinación. La ermita original fue ampliada y reformada en los siglos XVII y XVIII, tras la canonización, cuando la devoción al santo creció de forma significativa.
Al principio, la Pradera era un lugar de romerías religiosas, peregrinaciones que con el tiempo se transformaron en celebraciones populares, en un escenario donde conviven lo religioso, la castizo y lo festivo.
4.- ¿Acaso fue Goya el único que pintó la Pradera?
No lo fue, no, aunque sí es la obra más conocida del lugar donde tradicionalmente se festeja al patrón de Madrid.
Goya la inmortalizo en 1788 y en su origen formaba parte de una serie de cartones para los tapices que iban a decorar las habitaciones de las infantas en el Palacio de El Pardo por encargo de Carlos III. El caso es que los tapices nunca se llegaron a realizar ya que la muerte del rey diciembre de ese mismo año provocó que se paralizase el proyecto.
Pero el rastro de Goya quedó para siempre en los apuntes preparatorios con esa panorámica de tan castizo escenario, obra que pretendía ser de siete metros de anchura y que apenas alcanzó el metro de ancho. En todo caso, el nivel de detalle del Madrid de la época es excepcional, como podemos comprobar en los bocetos que se conservan en el Museo del Prado.
Tan festivo espacio también fue capturado por el pintor italiano Giuseppe Canella en 1823 (Museo de Historia de Madrid), además de inspirar al intelectual y pintor paisajista Aureliano de Beruete en su Vista de Madrid desde la pradera de San Isidro (1909), a la manera de Goya.
5.- Algo más sobre la esencia castiza: ¿Qué me dices del chotis?
Pues es otro de los elementos centrales de la identidad castiza madrileña, aunque su origen tiene raíces centroeuropeas. En concreto, de la schottisch, o scottish, −palabra que deriva del alemán y significa escoces, aunque sin conexión directa con Escocia-, una danza de salón originaria de Bohemia (actual República Checa).
En Madrid, la schottisch se transformó en el chotis, adoptando esta danza un ritmo más lento y un estilo más sencillo, que empezó a bailarse en barrios obreros como Lavapiés y La Latina.
El chotis se acompaña con el organillo, un instrumento portátil símbolo de las verbenas madrileñas. Es un baile en pareja donde los danzantes, hombre y mujer, giran en un espacio reducido, como si estuvieran «bailando sobre un ladrillo». La mujer gira alrededor del hombre, quien apenas se mueve, marcando el ritmo con pasos cortos. De ahí la frase «ser más agarrado que un chotis».
6.- ¿Hay un Diccionario Chulapo?
Esto, en verdad, daría para una tesis, que las hay. O para que se pronuncien la RAE o el Instituto Cervantes, que también lo han hecho en lo referido a la jerga «cheli».
Y textos, ni te cuento: Por ejemplo, el Libro de Casticismo Madrileño. Términos, expresiones, voces y palabras del argot (La Librería), como homenaje a su autor, el periodista Ángel del Río López, Cronista Oficial de la Villa, fallecido en 2022.
Ahí están también, en el desván del recuerdo, el descatalogado Diccionario Cheli de Francisco Umbral (Grijalbo); o el Nuevo tocho cheli – Diccionario de jergas, de Ramoncín (Desván del Libro); también el más reciente El chaval principeras, del periodista Álvaro de Benito Fernández (Libros desde Tuma), una adaptación de el Principito al argot madrileño.
7.- Sí, pero para ir vestido al uso, a la Pradera o a las Vistillas, ¿qué palabras de habla castiza me recomiendas?
Chupa (chaqueta), alares (pantalones), parpusa (gorra), safo (pañuelo), gabriel (chaleco), limpia (camisa), calcos (zapatos de charol), pañosa (capa), peluco (reloj).
Oye, y por si no te pispas (enteras), cuando salgas del curro, podemos pillar un teki (taxi) para ir a la Pradera, que capaz eres de pirarte a tu keli (casa), o dejarme planchado con la jeta (cara) de que tienes mazo de cosas importantes que hacer. Habrá mogollón de gente, tronco (colega), que no te coscas (das cuenta) de lo que mola san Isidro. O quedamos con toda la basca (amigos) y nos apretamos unas birras a pachas (a medias) en Las Vistillas, tron, que mola cantidubi (mucho). Anda, ponte al loro, no seas muermo (aburrido) y no te comas el tarro (pensar), que no sé de qué vas bitterkas. No seas pureta (viejo) y olvídate de la piltra (cama) ya verás que gachises (chicas) hay por la Pradera esa, dabuten (bien, increíble).
8.- ¿Y lo de las rosquillas cómo va?
Son el dulce estrella −la tradición se remonta al siglo XVII−, y las encontrarás por doquier: tontas (sin cobertura), listas (más dulces y crujientes, glaseadas), de Santa Clara (bañadas con un merengue seco) y francesas (con almendra triturada).
Y para beber, pues limoná madrileña (como una sangría con vino blanco), o, para los no alcohólicos, agua de la Fuente de san Isidro por aquello de mantener la tradición.
9.- Lo del madroño como símbolo de la ciudad lo puedo entender, pero ¿un oso?
El madroño, en efecto, es un árbol autóctono, que conecta bien con la flora y la historia de la ciudad, mientras que la presencia del oso parece estar ligada a la tradición medieval.
Nos situamos, pues, en la Edad Media, cuando los osos pardos frecuentaban los bosques y montes de la cercana Sierra de Guadarrama, donde eran cazados por la nobleza. La leyenda dice que fue el rey Alfonso XI quien lo abatió
El origen del oso en el escudo de la ciudad se remonta al siglo XIII. Fue durante un conflicto por el control de los recursos de la villa entre la Iglesia (que reclamaba la propiedad de las tierras, madroños incluidos), y el Concejo de Madrid (que pugnaba por los derechos sobre pastos y animales, osos también).
Al fin, hubo un acuerdo en forma de resolución (1222), de tal forma que cada uno se quedó con lo que pretendía, división que comenzó a reflejarse en el blasón de la ciudad: un oso como símbolo de los pastos y la fauna, y un madroño en representación de los árboles y la tierra.
Y antes, los madrileños que combatieron en batalla de las Navas de Tolosa portaban un emblema donde ya aparecía una osa sobre sus cuatro patas con siete estrellas en su lomo que representan a la constelación de la Osa Menor.
El oso del escudo, o la escultura de la Puerta del Sol, no tienen el sexo definido, con lo cual, bien podría tratarse de una osa, pero esa es otra historia. El más antiguo de la capital, por cierto, se conserva junto al Viaducto, en la calle Segovia, en lo que fue la antigua Casa del Pastor. Es más, quien quiera conocer de un rápido vistazo la historia de los escudos de la ciudad, siempre puede acercarse al bar y restaurante El Madroño, en la plaza de Puerta Cerrada 7, esquina con la calle del Nuncio, donde los encontrarán entre una abundante azulejería castiza.
10.- ¿Por qué se llama «gatos» a los madrileños?
El apodo de «gatos» vuelve a situarnos a caballo entre la historia y la leyenda. Como la del escudo, hay explicaciones para todos los gustos. La más comúnmente utilizada dice que hacia 1083, cuando las tropas cristianas de Alfonso VI querían arrebatar a los musulmanes el control al ciudad, un joven soldado, excepcionalmente ágil, trepó la muralla con la destreza de un gato, usando un puñal para aferrarse a las piedras.
La leyenda concluye diciendo que nuestro «gato» colocó la bandera cristiana en lo alto de la fortaleza árabe, por donde hoy está el Palacio Real, facilitando la entrada de las tropas. Este acto de valentía y agilidad le valió el apodo, que luego se extendió a los habitantes de Madrid.
Otras teorías apuntan al estilo de vida de los madrileños (desde el siglo XIX), cuando la ciudad comenzó a despuntar como un centro de vida nocturna, el ‘Madrid la nuit’ de la época, y los madrileños se movían por tabernas, teatros y verbenas con la agilidad de un minino.
En esa época, escritores, poetas y dramaturgos −como don Ramón de la Cruz, antes, en el XVIII−, dedicados a la exaltación de la cultura castiza, además de zarzuelas y sainetes, contribuyeron a reforzar el apelativo.
Por extensión, también se considera «gato» a quien ha nacido en Madrid y cuyos padres y abuelos también son madrileños, si bien, de forma más amplia se utiliza para cualquiera que se sienta parte de la ciudad.
11.- ¿Cuál es la relación del clavel rojo con las fiestas de san Isidro?
Dicen que el clavel rojo representa la alegría, la pasión y el orgullo castizo de Madrid y es, sin duda, uno de los símbolos festivo más característicos de la capital.
La flor por excelencia de las fiestas de san Isidro se vincula a la estética y las tradiciones isidriles, donde la música, el baile y los adornos florales reflejan ese espíritu festivo. Además, puestos a razonar, el clavel también evoca la tradición, la sencillez y la conexión con la naturaleza, valores asociados a san Isidro.
Durante el Romanticismo (siglo XIX), el clavel se popularizó en la literatura y la cultura como un símbolo de identidad española, asociado a la pasión, el amor y lo castizo. Esta percepción se extendió a las tradiciones populares, incluidas las fiestas madrileñas.
Con el paso del tiempo, el clavel rojo se ha popularizado en Madrid pasando de ser un adorno típico de las clases populares, especialmente entre «manolos y manolas» y «chulapos y chulapas», hasta convertirse en uno de los iconos de cultura castiza, tal y como acredita su éxito de ventas en bazares y puestos callejeros.
Y no solo eso, de nuevo este año, Mahou ha elegido el símbolo del clavel en una edición especial para reforzar su vinculación con Madrid, que es donde la cervecera nació hace 135 años. A propósito, sigue pendiente el anunciado Museo de la Cerveza para Madrid.
Sin clavel, pero apelando a ese mismo espíritu castizo, los de Estrella Galicia tampoco han querido quedarse atrás, volviendo a utilizar un lema especialmente afortunado: No hay nada más de Madrid que no ser de Madrid.
12.- Y seguro que hay hasta un Mapa cultural de San Isidro, ¿verdad?
Verdad. Lo hizo el Ayuntamiento en 2022 coincidiendo con el IV centenario de su canonización y está bien chulo. Es un recorrido por 17 espacios vinculados a la vida y milagros del santo, con ilustraciones de Juan Berrio y el texto de presentación del director del Museo de San Isidro – Los Orígenes de Madrid, Eduardo Salas Vázquez.
Este es el Mapa cultural ilustrado ‘El Madrid de San Isidro’ y estos son los lugares: Capilla de S. Isidro, Museo de S. Isidro, Capilla del Obispo, Iglesia de S. Andrés, La Cuadra, Biblioteca Iván de Vargas, Casa de la Villa, Colegiata de S. Isidro, Arca de S. Isidro (Catedral de la Almudena), Jardines de S. Francisco el Grande, Puente de Toledo, Fuente de S. Isidro, Ermita de S. Isidro, Cementerio de S. Isidro, Pradera de S. Isidro, Ermita de Santa María la Antigua y Basílica de Atocha.
13.- Entonces… ¿Ser castizo es lo moderno ahora?
Eso parece, como venimos observando desde hace tiempo. El fervor madrileñista es un fenómeno al alza que no ha parado de crecer «en esta villa, que se enorgullece de su condición tanto o más que otras de sus viejos y aristocráticos blasones, y donde nadie es más que nadie», dijo Almudena Grandes en su pregón de 2018.
Feliz San Isidro, felices fiestas.



















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