MADRID SERÍA UNA ciudad distinta, menos rica desde el punto de vista arquitectónico y patrimonial, sin el legado que dejó Antonio Palacios Ramilo (O Porriño, 1874-El Plantío, Madrid, 1945). De no haber existido este arquitecto, y su contribución para transformar la capital, el paisaje urbano y la identidad madrileña sería más pobres.
Sirva este apunte preliminar para enmarcar la conmemoración, durante 2024 y 2025, del 150 aniversario del nacimiento de uno de los principales artífices de que, gracias a la monumentalidad de su arquitectura, Madrid dejara de ser aquel “poblachón manchego lleno de subsecretarios”, que decía Cela.
Ha acertado el Ayuntamiento de Madrid organizando una programación cultural específica para celebrar el ‘año Palacios’. Es lo menos que se podía hacer para honrar al gran arquitecto que fue de finales del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. A la amplia oferta de la conmemoración se suma ahora ‘Madrid Metrópoli. El sueño de Antonio Palacios’, en CentroCentro hasta el día 6 de julio, comisariada por Javier García-Gutiérrez Mosteiro y por Julián García Muñoz.
Una figura tan decisiva y determinante para el paisaje urbano madrileño bien merece este esfuerzo, cuyo foco se sitúa ahora en el centro cultural ubicado dentro del Palacio de Cibeles, una de sus obras más conocidas. La costosa reforma de este edificio, rebautizado con sorna en su día como el Palacio de Gallardón, como sede principal del Ayuntamiento de Madrid, le devolvió todo su lustre y esplendor.
Lo imprescindible de Palacios
- Palacio de Comunicaciones, sede principal del Ayuntamiento de Madrid, en la plaza de Cibeles, en colaboración con el ingeniero Joaquín Otamendi Machimbarrena, su compañero de estudios.
- Banco Español del Río de la Plata, calle Alcalá 49, sede posteriormente del Banco Santander Central Hispano, y actualmente del Instituto Cervantes.
- Banco Mercantil e Industrial, última gran obra de Palacios en Madrid, tras la Guerra Civil, donde están ahora las dependencias de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte, además de la sala de exposiciones Alcalá 31.
- Círculo de Bellas Artes, uno de los más emblemáticos del eje Gran Vía-Alcalá, en cuyo número 42 se encuentra. En el año 1981 fue declarado Bien de Interés Cultural.
- Edificio Matesanz, Gran Vía 27, donde estuvo ubicada en el siglo XVI la vivienda que Juan de Herrera construyó para el escultor y orfebre italiano Giacomo Trezzo (la calle Jacometrezo está cerca de allí).
- Antiguo Hotel Alfonso XIII, actual tienda de Zara en Gran Vía 34, en cuya reforma se respetó el espacio pero no la decoración. Obra primigenia de José Yarnoz Larrosa, reformado íntegramente por Palacios en 1924. Durante la II República, el hotel pasó a llamarse Alfonso, a secas, más tarde hotel Avenida, y luego Tryp Cibeles.
- Hospital de Jornaleros de San Francisco de Paula, sede de la Consejería de Transportes, Infraestructuras y Vivienda de la Comunidad, en la calle Maudes 17.
- Antigua Casa Comercial Palazuelo, calle Mayor 4 – Arenal 3; o la casa palacio Palazuelo, en Alcalá 54.
Arquitectura doméstica
Entre sus otras obras de ‘arquitectura doméstica’, destacamos las viviendas para los Condes de Bugallal (plaza Cánovas del Castillo 4), el edificio de viviendas Luisa Rodríguez Arzuaga (calle Marqués de Villamejor 1), o el edificio contiguo en esa misma calle, o los más ‘modestos’ de la calle Viriato 20 y 22.
A propósito del encargo, en 1913, de Gabino Bugallal y Araujo, conde de Bugallal a Antonio Palacios para la construcción de su residencia principal en un solar junto al hotel Palace, conviene recordar que dieciséis años después, en 1929, el edificio pasó a manos de la compañía de seguros La Sud América, que lo reformó, o más bien deformó, despojándolo de su estructura original. Posteriores transformaciones, la última para convertirlo en hotel −NH Collection Madrid Paseo del Prado− no solo no sirvieron para devolverle su aspecto original, sino que prácticamente lo despojaron del diseño primigenio. Honrar la memoria de Antonio Palacios también es preservar su legado evitando atropellos como este por parte de las autoridades urbanísticas municipales y regionales, responsables de la conservación del patrimonio histórico y cultural.
También el Metro
Menos conocida es la actuación de Palacios como arquitecto para la Compañía Metropolitana Alfonso XIII, fundada entre otros por Miguel Otamendi, hermano de su amigo y socio Joaquín Otamendi. En el suburbano se encargó del diseño y decoración de varias estaciones, incluidos vestíbulos, pasillos, andenes y bocas de acceso, singularmente, por su impacto en el entorno urbano, los templetes de Sol y Gran Vía, cuyo diseño se ha recuperado recientemente. El templete original de acceso a la estación de Gran Vía por la Red de San Luis, proyectado por Palacios en 1918, fue trasladado a su O Porriño natal, donde permanece tras llegar mutilado en 1971. Sin olvidar el popular logotipo de Metro en forma de rombo, que continúa casi como fue concebido.
Muchos de aquellos elementos se fueron perdiendo en las sucesivas obras de ampliación y reforma de la red, algunos de los cuales aún pueden verse en Noviciado, Cuatro Caminos y Tirso de Molina (antigua estación de Progreso). Además, claro, de la muy interesante estación ‘fantasma’ de Chamberí. Cerrada en 1966 y convertida hoy en centro de interpretación, donde se conservan los revestimientos, señalizaciones y publicidad tal como fueron creados en la década de los veinte. Una buena ‘excusa’ esta conmemoración del 150 aniversario del nacimiento de Palacios para visitarla.
También se conservan algunos edificios auxiliares que diseñó Palacios y que constituyen, junto con los talleres del Instituto Católico de Artes e Industrias de la Compañía de Jesús (ICAI, en Alberto Aguilera 24), su principal aportación al patrimonio industrial madrileño. Entre ellos, las subestaciones de Salamanca (Castelló 21) y Quevedo (Gonzalo de Córdoba 12 y Olid 9) y la Estación Eléctrica de Pacífico (calle Valderribas 49), musealizada desde 2008 como centro de interpretación bajo la denominación de Nave de Motores.
Las Cocheras de Cuatro Caminos, las primeras de la compañía del suburbano, que estaban en desuso, solo se pueden ver ya en foto, una vez que Metro vendió las parcelas y fueron demolidas en 2021, tras una larga batalla política, vecinal y judicial. Las 450 viviendas y la torre de 35 alturas que está previsto levantar allí siguen esperando novedades judiciales para su polémica construcción.
La humilde casa de Palacios en El Plantío
Paradojas de la vida, el alarife que tantas obras monumentales proyectó, singularmente en Madrid y en Galicia, se construyó una modesta vivienda de dos alturas en la apacible Colonia El Plantío (calle Cimarra 4, distrito de Moncloa Aravaca), junto a la A-6. Una casa de sencilla apariencia, concebida inicialmente como refugio ocasional, que fue su residencia habitual hasta su muerte el 27 de octubre de 1945 a los 71 años.
La última etapa de su vida la pasó retirado en su pequeño estudio de 1,80 x 2,40 m. en el que definió como “el cuarto de no estar”. Inicialmente fue enterrado en la Sacramental de San Lorenzo de El Escorial, y no fue hasta 1976 cuando pudo cumplirse su deseo de que sus restos reposaran en el cementerio municipal de O Porriño, donde nació.
Una pequeña mole redondeada de granito gallego, con la sencilla inscripción “Antonio Palacios – Arquitecto” labrada a pico por un cantero es, posiblemente, por su sencillez, el más sincero homenaje a este visionario genio urbano, que tanto contribuyó al engrandecimiento de Madrid.
Contribución y legado
La huella de Palacios en Madrid es imborrable. Como lo es su contribución en la transformación del paisaje urbano, justo cuando la capital empezaba a crecer y a codearse con las grandes urbes europeas. Su capacidad para aunar tradición y modernidad, sin perder la función práctica de los edificios que diseñó, nos deja un legado que ha enriquecido notablemente el patrimonio estético y cultural de la ciudad.
(Foto de la entrada: Loty. Nombre comercial de una empresa fotográfica fundada en Madrid en 1926 por Concepción López y Charles Alberty Jeanneret. El principal fotógrafo asociado a estos editores fue Antonio Passaporte, portugués nacido en Évora en 1901 y fallecido en Lisboa en 1983).


















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