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LUJO Y SOBRIEDAD. Estos son, de forma resumida, los sellos del ‘nuevo’ Ritz de Madrid, que vuelve a ser noticia estos días tras conocerse que la reapertura del hotel tendrá lugar el próximo verano, todavía sin fecha.

Cuando llegue el momento de la inauguración, los clientes verán que el grupo Mandarin Oriental ha mantenido el estilo Belle Époque del edificio original, aunque con una serie de mejoras significativas necesarias para seguir compitiendo en la primera división del muy disputado sector hotelero.

El arquitecto español Rafael de La-Hoz ha sido «pieza clave» en el proyecto de restauración, que lleva también la firma de los diseñadores franceses Gilles & Boissier encargados de supervisar los interiores. Una reforma meticulosa cuyo fin último es convertir al Ritz de Madrid en uno de los mejores hoteles del mundo, según el director ejecutivo del grupo, James Riley.

Permanece cerrado desde febrero de 2018 para ser sometido a unas necesarias obras de renovación, trágicamente retrasadas por el accidente mortal que costó la vida a un trabajador, Romulus Nyuawode, nacido en Togo y de 41 años, cuando el forjado de la sexta planta se vino abajo provocando el desplome de los pisos inferiores debido al sobrepeso atrapando en su caída a 11 de sus compañeros que resultaron heridos. Las obras estuvieron paralizadas durante tres meses para investigar las causas del accidente.

Mandarin Oriental International invertirá 100 millones euros en la reforma, tras adquirirlo por 148 millones de dólares junto con el grupo saudí Olayan. El hotel fue comprado a Belmond Spanish Holdings (la antigua Orient-Express) y Landis Inversiones (sociedad de inversión de Alicia Koplowitz) mediante una sociedad de riesgo compartido en la que Mandarin y Olayan tienen cada uno el 50 por ciento.

Otro de los atractivos de la reapertura será la renovación gastronómica con el fichaje del chef Quique Dacosta.  El cocinero español –tres estrellas Michelin en su restaurante de Dénia y dos en el de El Poblet–, diseñará, desarrollará y dirigirá las propuestas del servicio de banquetes y de los cinco restaurantes y bares que albergará el hotel. «Su deseo de ofrecer mucho más que una experiencia culinaria, con su sentido de la creatividad y carácter único, encaja perfectamente con nuestra misión de deleitar y satisfacer a nuestros huéspedes», ha indicado Gèrard Sintès, director general del grupo hotelero.

Dacosta dejará su inconfundible sello en los renovados fogones del Ritz, donde recientemente oficiaron con singular maestría Jorge González Carmona o, anteriormente, George Force, Patrick Buret y el maestro Eustaquio (Tachi) Becedas, en una época donde los chefs no tenían como ahora la consideración de galácticos. Tampoco son famosos jefes de cocina, o de partida, o cocineros del propio hotel como Javier Aldea, Ramón Dimanuel, Santiago Glodosindo o Jesús Vega, cuyo buen hacer será imprescindible para que Dacosta pueda llevar a cabo su propuesta.

Cuando llegue el día de la inauguración, uno de los aspectos que sin duda resultarán más llamativos es la recuperación de la cúpula de cristal original oculta durante casi toda la existencia del hotel. Ojalá también que el jardín, cuyos valiosos árboles fueron retirados para poder llevar a cabo las obras de reforma, pueda recuperar el esplendor que tuvo en su día. Imagino que no había otra solución, pero algunos lamentamos y mucho, por una cuestión sentimental tras pasar allí muchos años trabajando, que esos ejemplares, donados algunos por el cercano Jardín Botánico, hayan desaparecido con motivo de la renovación. Una lástima, si se me permite este pequeño desahogo nostálgico.

Desde que abrió sus puertas en 1910, el Ritz ha sido sinónimo del lujo y todo un referente en la capital. Como escribimos hace 10 años con motivo del centenario, y recordamos ahora, su creación hace ya más de un siglo fue un acontecimiento histórico que, “junto al inicio de las obras de la Gran Vía en ese mismo año, alejó a Madrid de su provincianismo secular para convertirse en una ciudad europea. Madrid, por tanto, se europeíza con el nacimiento del Ritz, testigo mudo de la historia de España”.

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