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Mola la nueva Gran Vía

por | 24 Nov 2018 | Madrid, Política, Salud y Medio ambiente | 0 Comentarios

POR RAZONES QUE en este momento no hacen al caso, algunos nos hemos pasado más de media vida en la Gran Vía y sus aledaños. 
 
Pateándola, añorándola, disfrutándola, sufriéndola. Quiero decir con ello que, en mi caso, como en el de tantos otros, la avenida por excelencia de Madrid es bastante más que una calle. Forma parte de las señas de identidad de mucha gente que, sin desmerecer ningún otro espacio, la ven como el icono de toda una ciudad. Su propio entorno estuvo dejado de la mano de Dios y de sus gobernantes durante años.
 
Como escaparate o como escenario, nuestra vieja Gran Vía acaba de someterse a un cambio de fisonomía digno de aplauso. En el bien entendido, claro, de que hay opiniones para todos los gustos y que cada uno habla en función de sus propias percepciones, todas ellas igualmente respetables.
 
Unos han puesto el acento en que se les queda el culo frío cuando se sientan en los nuevos bancos de granito; otros que los semáforos estilo vintage no son de su agrado; los hay también que criticarán los perales de flor y las jardineras; o echarán en falta un tranvía eléctrico, en lugar de tantos autobuses; o criticarán la alineación de las terrazas; o preferirían un carril bici en todo el trazado y no solo en la subida entre Plaza de España y Callao; o dirán que esto solo servirá para atraer más gente a la masa homogénea de tiendas en la que se ha convertido esta gran avenida.
 
Y todos, posiblemente, tengan algo de razón, porque todo es opinable. Ahora bien, cuando las opiniones –las favorables y las contrarias– se hayan serenado, el hecho cierto es que esa obra estará ahí para siempre y que sus beneficios serán disfrutados por todos, incluidos sus detractores.
 
El futuro que nos aguarda –como quien dice a la vuelta de la esquina–no nos deja otra opción que ir reduciendo la utilización del vehículo privado, aunque solo sea, que no es poca cosa, por una cuestión de salud pública. Imagino que para el Ayuntamiento hubiera resultado más cómodo, mucho más, haber mirado hacia otro lado.
 
A partir de ahí, la reforma inaugurada este viernes no tendría ningún efecto práctico si no estuviera arropada por la entrada en vigor de Madrid Central. Por cierto, una medida ‘revolucionaria’, en materia de movilidad, cuya paternidad no corresponde estrictamente a Carmena, sino al mismísimo Gallardón en su etapa como alcalde.
 
De aquellas incipientes Áreas de Prioridad Residencial, mantenidas y ampliadas por Ana Botella, hemos pasado a esta gran APR que, sin lugar a dudas, hubiera aplicado también otro regidor del PP de haber conservado el poder municipal. Porque no queda otra. No hay otro camino que el de la lucha decidida contra la contaminación y la defensa de la salud pública, con independencia del grado de ambición con el que se quiera abordar el asunto.
 
Nueve meses ha durado el parto de la nueva Gran Vía, más verde y con más espacio para el peatón. Casi 300 días de obras y atascos que han derivado en motivo de confrontación política al haberse convertido esta reforma en el estandarte de Manuela Carmena en su primer mandato municipal.
 
Y la cosa no acaba aquí porque esta reforma se ha convertido en uno de los proyectos más representativos del modelo de ciudad que Carmena la alcaldesa replicar en 2019 si su recién alumbrada plataforma Más Madrid goza de las simpatías de los madrileños.
 
Gana el peatón y pierden espacio los coches en un espacio más humano y ‘paseable’ que no debería tener color político. Al fin y al cabo, la Gran Vía es más importante que Ahora Madrid, PP, PSOE y Ciudadanos juntos.
 
A veces conviene también mirar por el retrovisor para entender mejor la realidad de nuestro tiempo. Cuando hace más de 20 años, Álvarez del Manzano acometió la reforma de la plaza de Oriente, con el túnel bajo la calle Bailén, ampliando el espacio peatonal, el proyecto mereció muchas críticas políticas a cargo de una oposición incapaz de admitir entonces que era una obra de fuste. Cara, y posiblemente mejorable, pero necesaria. Basta pasear hoy por ese delicioso entorno para constatarlo. Y lo mismo cabría decir del Madrid Río de Gallardón sobre la soterrada M-30, aunque esa es otra historia, dada la envergadura de la actuación.
 
Pues un poco de esto acabará ocurriéndole también a la Gran Vía. Cuando pasen las elecciones y las críticas políticas se hayan sosegado, los más reticentes acabarán admitiendo la evidencia de que ganar espacio para el peatón −un 30 por ciento más− contribuye a pacificar y mejorar la ciudad.
 
Abierta las 24 horas, símbolo, escaparate y pulso de una ciudad diversa e integradora, la Gran Vía no es todo Madrid, pero es mucho Madrid. Bien está lo que bien acaba.

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Periodista de larga trayectoria: Antena 3 de Radio, Onda Madrid (RTVM) y la Cadena SER (Radio Madrid), donde estuve 25 años. Premio APM 2013 (Asociación de la Prensa de Madrid) al informador especializado en Madrid. Antena de Plata de Radio (2013 y 2000). En 2020 di el salto al «lado oscuro» de la comunicación política e institucional: Secretaría de Estado de Comunicación, Delegación del Gobierno en Madrid, consejero de Información en el Gabinete de la ministra de Política Territorial y Portavoz del Gobierno y, más tarde, en Vivienda y Agenda Urbana. Bloguero desde 2009 y autor de tres libros: El tamayazo. Crónica de una traición; Hotel Ritz. Un siglo en la historia de Madrid; y de la novela La flor del magnolio. Desde agosto de 2024 −en la «edad del júbilo» ya−, me dedico por completo a la tarea de escribir y a disfrutar del placer de la lectura y el conocimiento.

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